El trayecto en tren de Florencia a Venecia me dio el tiempo para asimilar todo lo que había visto ese día. Viajaban unos jóvenes españoles que hablaron toooodo el viaje a un volumen algo elevado. Por educación nadie les dijo nada…pero molestaron a todo el pasaje. En particular una de las chicas que tenía un tono de voz muy peculiar.

No tenía idea donde debería bajarme…como siempre dejé que mi buena fortuna me llevara a destino.

Llegamos a la estación Mestre y se bajaron todos del vagón. Quedé sola…pero sentí que no esa no era MI estación. Al cabo de unos minutos arrancamos nuevamente, cruzamos un puente y llegamos a la estación Santa Lucía. Tomé mi mochila y bajé.

Conseguí un mapa, compré agua y salí de la estación. Al bajar el tercer escalón vi la más maravillosa postal que jamás compré. Agua calma en el canal que reflejaba una gran luna, máscaras del carnaval pasado adornando todos los negocios de la zona, faroles en las esquinas alumbrando, sin exagerar, el paso de la gente y olor a algo recién salido del horno. Saqué el celular del bolsillo, viendo que tenía señal sabía que una llamada desde ese lugar implicaría 2.5 USD el minuto. No me importó nada…marqué el número y dije…’llegué a Venecia, es la noche más linda del viaje’. Ojo, no se si eso era verdad…pero era lo que sentía en ese momento. Nada podía mejorar ese momento…no faltaba nada…no sobraba nada. Como quien no ha tomado agua en mucho tiempo y ve una laguna, quería subir al puente que tenía enfrente, ir al otro que estaba a la derecha, meterme en un bar con vista al canal y pedir un capuccino, comprar una máscara, dejar la mochila en algún lugar…todo con la misma intensidad.

Miré a mi izquierda, la calle España me sonaba familiar y el nombre Universo en un pequeño cartel me hizo recordar que ese era MI hotel. Siiii, estaba a 20 metros del lugar de donde no me quería ir.

Me registré, dejé mis cosas y salí a caminar. La pregunta de ‘fue lo más lindo que viste hasta ahora’ no tenía dudas en ese momento…definitivamente podría ser la postal que resumiera el viaje. Y caminé por esas calles con magia sin cámara…pero no me importó…no le podré mostrar esa noche a nadie…pero está dentro de los momentos que no se olvidan.

Comí los ravioles más caros de mi vida, pagué 42 Euros y me fui a descansar. Al alba partí a recorrer el canal en el Vaporetto y luego volver caminando por esos pasajes que no llegan a ser calles. De la nada aparecen locales de cualquier cosa. Toda la ciudad es así…pequeños bares alumbrados con velas…restaurantes a los que se accede cruzando un pintoresco puente…mercados…más puentes…más bares. Se podría decir que hasta que no lleguar a la Plaza San Marco no estaba oficialmente en Venecia. La recorrí maravillada, pero ya no entré más a las iglesias…de afuera estaba todo bien. Para no perderme y asegurarme de recorrer todo, con un marcador iba escribiendo el recorrido en un mapa…fue muy divertido además…con la excusa de ver para donde tenía que agarrar me paré en varios bares a tomar café o chocolate.

Al día siguiente, una sirena y el tañir de campanas anunciaban que el agua podía subir. Y subió. Improvisados caminos en el centro de las calles permitían circular. Me limitó un poco. Ese día terminé a las 19.00…era menester descansar un poco también.

María, cerrando los ojos…viendo el gran canal reflejando la luna…

De 20090328_Venezia
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