Y llegué a Florencia. Mochila a cuestas compré agua, pedí un mapa y a recorrer.

El Pontevecchio me pareció sacado de una película vieja…le tomé varias fotos y me fui acercando. Ya caminando sobre él me di cuenta que, tal como su nombre lo indica, era un puente viejo y no me pareció tan encantador…pero me alejé y lo volví a sentir precioso.

El tema distancia del objeto fue un tema recurrente en la ciudad. Imposible apreciar Il Duomo estando cerca. Esos edificios son para verlos de lejos…mi vista no tiene el angular suficiente como para captar todo eso en una sola mirada. Todo es tan grande que se me pasaron los minutos recorriendo cada pedacito de su perfecta construcción.

Entré al museo. Un poco por el arte y otro poco porque podía dejar la mochila en la entrada. Después de 6 ó 7 horas de llevarla en los hombros ya necesitaba un rato de descanso.

Misma sensación que en Roma…no eran cuadros…eran paredes y techos con pinturas. Escenas de batallas en toda una habitación me hicieron sentir inmersa. Me fascinó la idea del arte al aire libre…la plaza de la Siñoría, está repleta de obras de arte…incluso una réplica del David…aunque creo que ver el original en el museo de la Academia pueden significar los 10 Euros mejor gastados.

Por donde mirara había una obra de arte o un edificio que admirar…incluso esa especie de galería donde se encuentran los locales de las marcas más caras del mundo. Toda la ciudad es una bella obra de arte.

Para mi, ciudad para un día…aunque quizás con más tiempo le hubiese encontrado otros encantos.

María, cargando de nuevo la mochila rumbo a Venezia…

De 20090327_Firenze
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