Al final es lo mismo…desde acá le decimos Florencia…pero allá le dicen Firenze.

Me decidí a último momento…le ganó a Pisa.

Ya en la terminal de Roma fui a la oficina de boletos económicos y compré mi pasaje. Qué manía de colarse en las filas que tienen algunos. Acá vi una que merecería un premio.

Había un matrimonio al final de la fila y detrás de ellos me coloqué yo. Pasaron unos 10 minutos y se acerca una muchacha muy joven y se para al lado mío. Capaz creyó que la fila era de a 2…no se…tampoco daba para que le hablara…estábamos en Italia y yo no sabía ni una palabra en ese idioma y no estaba para pleitos por una cosa así. Pasan los minutos, la cola avanza…avanzo yo…avanza la muchacha y se acomoda unos centímetros delante mío…al costado…pero unos centímetros más adelante. No atendían muy rápido, debo reconocerlo. Aparecen madre y padre. Hablan en algo que no era italiano. Palabra va, palabra viene, sin discutir pero dejando en claro que no estaban de acuerdo en algo, la madre queda haciendo la fila, la muchacha se va y el padre la sigue. En un movimiento que todavía no alcanzo a entender como para describir, en el justo momento en que la fila avanza, la madre hace un medio giro, coloca su bolso delante mío y transforma la fila de 2 en fila de 1…y ella delante mío. Volvieron la hija y el padre y se colocaron al lado…todos delante mío.

Miré alrededor para ver si encontraba una cámara que haya registrado el evento. No para radicar denuncia alguna, simplemente para aprender la maniobra e intentar usarla alguna vez. Carezco de esas habilidades…pero también carezco del instinto para hacerlo. Soy de las que no dicen nada en esos casos…

María, se me adelantaron…pero yo viajé igual…

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