Después de haber viajado en avión, tren y micros y de haber llenado de sellos el pasaporte…acá estoy de nuevo en casa.

Pasó todo muy rápido y algunas cosas se me empezaron a olvidar. Afortunadamente el ejercicio de bajar las fotos, rotularlas y agregarles la ubicación me está refrescando la memoria.

Voy a empezar el relato de a poco hasta ponerme al día por completo.

La partida en el vuelo de Aerolíneas Argentinas fue tal cual lo planeado. El costo del pasaje corría por cuenta del programa Aerolíneas Plus, del Banco Galicia, por lo que solo tuve que abonar unos sesenta y tantos pesos.

Quería un avión de dos pisos…tuve un avión de dos pisos…pero yo viajé en la planta baja porque arriba va la primera clase.

Un clásico de todos los viajes: pastas al verdeo y una peli. No se cual era…había logrado llegar con tal cansancio que ni siquiera advertí las turbulencias que obligaron a retirar el café antes de lo previsto. A las 2 horas de partir, cuando sería medianoche en Buenos Aires, empezó a amanecer…y así siguió gran parte del viaje.

Nos despertaron con un desayuno, en lo que sería el mediodía de Madrid. Mantuve el reloj en la hora de Argentina para saber a qué hora llamar, el celular se sincronizaba en cada país para no perder vuelos ni funciones de teatro.

Aterrizamos. Yo sin apuro porque solo llevaba la mochila, no tenía que buscar más equipaje. Algo dormida me pareció conocer la voz que decía ‘a la Cristina le dicen cortina de baño…’, y explica que es por el lugar de donde habitualmente se cuelgan. Lo consideré de mal gusto. Venía de un argentino. Un argentino conocido. Un cómico argentino conocido: Jorge Corona. Puse cara de ‘soy extranjera y no lo conozco’ y esperé paciente en la fila a que abrieran la puerta y se le acabara el repertorio de chistes similares. Abrieron las puertas y me fui.

En migraciones un señor por demás simpático me dio sabios consejos: hija, si has traído dinero, guárdalo en un lugar seguro, te tiene que alcanzar para todo el viaje. Esa era la idea.

Pedí un mapa del metro y conseguí un pasaje. Tuve que hacer cola porque tenía un billete de 50 Euros y el boleto costaba sólo 2.

Mochila a cuestas subí a la línea rosa del mapa hasta Nuevos Ministerios. De ahí la celeste hasta Tribuna y luego la azul a Atocha Renfe. Un par de cuadras y estaba en el Hotel Agumar, un hotel muy bonito.

Dejé el equipaje, encontré un mapa y me fui al centro. Puerta del Sol, La gran vía, la calle Arenal, el Corte Inglés, esas callecitas angostas con mesas donde comer tapas y tomar algo rico. Así terminé el día y me fui a dormir. Un reloj marcaba las 21.00…el otro pasada la medianoche. Ni tele ni diario…descanso.

El día siguiente arrancó con un clásico: chocolate con churros en ‘Sr. Chocolate’ frente a Atocha. Luego Paseo del Prado, Museo del mismo nombre, la Puerta de Alcalá, el Parque del Retiro, Palacio Real, Catedral de Almudena, almuerzo en unas mesitas frente a los jardines Sabatini, Puerta de Toledo, el Rastro, la Gran vía, Museo de la Reina Sofía y regreso al hotel. Unas rabas a la romana cerraron el día a la perfección. No se cuantos kilómetros caminé, pero consumí casi 4 litros de agua. Ducha y a la cama.

Demasiado para un solo día…y demasiado también para un solo posteo.

Los dejo en la compañía de la mujer que me dio ganas de conocer la Puerta de Alcalá.

María, volviendo a la rutina…anoche teatro…El reñidero…vayan…

Escuchar canción

De Madrid
Anuncios