Si algo me quedó claro de mis clases de Ceremonial y Protocolo fue el tema de la precedencia. Un error en una presentación tranquilamente podría devenir en tragedia.

No digo que mis errores u olvidos puedan provocar una catástrofe, pero a veces temo cometer una imprudencia.

En el caso de las presentaciones entre amigos no tengo dudas, en lo profesional tampoco, pero hay un momento del día en el que no se si estoy actuando como corresponde.

Sabemos que en cada colectivo, bus o micro, hay un par de asientos señaladas como prioritarios en caso de personas discapacitadas. Correctísimo para mi. Ahora bien, que pasa si los dos asientos destinados a tal efecto están ocupados y sube una embarazada? Obviamente me paro y le cedo el lugar. Hasta acá todo claro. En cuanto a la edad…cuántos años tiene que tener una persona para que le demos nuestro lugar? Con que sea mayor que una es suficiente? Alguien de 50 años…se sentirá ofendido si lo considero mayor? Cómo me sentiría si un adolescente me cede su lugar? Es correcto que, en igualdad de condiciones físicas, una mujer se quede parada y un hombre permanezca sentado? Alguien con bebé en brazos merece sentarse…no hay dudas.

Venía un día con un gran amigo en el 132. Nos sentamos en la mitad del coche. Más o menos por facultad de Medicina sube una mujer muy joven, menos de 30 seguro, con mellizas de 5 ó 6 años…gritando ambas a coro ‘mamá, me quiero sentar…mamá, me quiero sentar’. Calor. Coche completo. Subieron por milagro. Mi caballero amigo se levanta, le cede su lugar y me sujeta a mi para que no lo haga. Volví a mirar para asegurarme que no era yo que veía doble…eran mellizas…le daba su lugar y teníamos que aguantar los gritos de estas criaturas. Volví a intentar levantarme, volvió a dejarme en mi lugar con firmeza. Las 2 lloronas siguieron gritando el resto del viaje por motivos varios…la gente las miraba por ese motivo…y con el rabo del ojo me miraban a mi…era yo la que no le había dado el lugar.

Pasando la estación de Once se bajan…mi amigo vuelve a sentarse al lado mío. Faltaban 2 cuadras para que bajemos. Se adelanta él para tocar el timbre, se acerca a mi oído izquierdo y, sonriendo mientras susurraba me sentencia…’rengueá’. Incrédula lo miré fijo pidiéndole que me dijera otra cosa. Se volvió a acercar y gatilló la misma palabra ‘rengueá’. El vehículo se detuvo, me tomó de la mano y bajamos…y tuve que renguear. Me ayudó a bajar y nos tentamos como pocas veces. La gente habrá pensado que de verdad tenía un problema físico…no había manera de incorporarme después de semejante puesta en escena.

Su mentira, y la mía, no nos parecieron tan graves…sentimos que era peor ser madre de dos malcriadas que no saben viajar paradas en un colectivo.

María, lo mejor es fingir dormir…;-)

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