Los que realmente esperan el momento del año para festejar que el hijo de Dios llegó al mundo tienen y van a seguir teniendo motivo de festejo.

Me refiero a la Navidad sin sentido religioso. Esas reuniones con excusas de comer lechón frío y tomar sidra a la medianoche mientras los pequeños abren los regalos que un Papá Noel les ha dejado como premio a sus buenas acciones del año.

No hay taxis, la calle está habitadas por gente ebria y muchos ellos están detrás de un volante. En su afán de festejar, se gastan hasta las últimas monedas en pequeños paquetes y tubitos que explotan…y como los grandes están con calor y dándole a la cerveza, al día siguiente vemos en la tele los móviles en la puerta de los hospitales mostrando heridas y sangre.

Cómo se elige con quien pasarlas? Para mi está entre descarte y compromiso. Y ni bien dan las 12.00…celular en mano…comienza la rutina de intentar comunicarse con el que no está. Analizando algunas actitudes casi desesperantes, me parece que había más ganas de estar del otro lado del aparato y no en esa mesa.

Y sin entender, a algunos se les da por recordar a los que no están…como si no nos faltaran el día siguiente o la víspera.

Como si fuera un milagro de Navidad, cada año espero que la tradición se termine, que pueda comer en mi casa a la hora que se me canta, irme a dormir cuando tenga sueño y al otro día descansar porque es feriado. ¿Qué por qué no lo hago? Por culpa. Porque en mi terapia intento resolver algunas fobias y no me queda tiempo para la culpa.

Por su fuera poco, en una semana el almanaque y al costumbre me van a obligar a hacer un balance que este año me parece no lo amerita. Espero que el próximo año me devuelva lo que éste se llevó…o mejor aún…espero darme cuenta que el año no se lleva nada…simplemente son pérdidas que deberían ayudarnos a crecer y a madurar.

Primero uno se fue de viaje y quedó el océano en el medio. El skype ayuda…pero no es lo mismo.
Después el otro estrelló su vida de golpe y todavía no me acostumbro a su ausencia.
Por último el temporal arrasó con lo poco que quedaba de mi y los vientos todavía no se calmaron.

Tontamente quiero que el calendario diga 2009 para sentir que todo quedó atrás, aunque acá, en el silencio sólo interrumpido por mi tecleo, puedo sentir que de mi depende y que mañana mismo podría ser un buen día si dejara de pensar. Ojo, es una alternativa que capaz tome, eh?

Así como algunos festejaron la llegada del salvador, nuestra noche lo tuvo. El pequeño sobrino resultó ser un fanático de la música y nos dio lecciones de todos los ritmos. Les comparto la magia del ritmo del flogger…

María, guardando los regalos que le trajo Papá Noel… 😉

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