Siempre hay varias maneras de contar cualquier historia: resumen y detalle. Esta mañana le pasé a mi fiel amiga/lectora el resumen de mi finde. La respuesta le llevó menos de 5 minutos…me sentenció: tus resúmenes no me transmiten nada…quiero detalles jugos…de los que dan gusto.

Voy a seguir un orden…en el que mi memoria muestre los hechos…ni cronológico ni por importancia…orden caprichoso y listo.

Hace un tiempo creo que no hay nada más triste que la mirada de una vaca…pero estoy pensando que encontré algo peor.

Venía con el entusiasmo típico de volver a casa. Todo bien el paseo, preciosos los días, pero ya era hora de regresar. Tarjeta de embarque en mano, miré de reojo el reloj del señor de la aduana…faltaban 15 minutos para que el barco zarpara…en 2 horas estaría en casa recién bañada, con pijama con olor a suavizante, presta para dormir un rato en sábanas frescas. Enfilé para el baño para asegurarme que no iba a necesitar usar el del transporte, segura de ser la primera en llegar a la sala de embarque, seguramente encontraría papel y no estaría fuera de servicio como suele pasar después de un rato de uso.

Bajó la gente de Buquebus…supuse que tenía el tiempo justo para tomar un café y un pedazo de pasta frola hasta que llegara el de Colonia Express. El primer trago de café me quemó el paladar…me apuré a tragar e hizo lo propio en faringe, esófago y estómago. No era importante…en un poco más de una hora estaría en casa tomando agua mineral helada.

Me acomodé cerca de una ventana. Parada por supuesto…no soy lo suficientemente valiente como para sentarme en esos mugrosos sillones de la sala de embarque de Colonia. Notable el récord que deben estar rompiendo a diario: años sin limpieza.

No uso reloj…pero ya me había dado cuenta que el café se había enfriado y no veíamos aparecer barco en el horizonte. Miraba y miraba. Nada. Sólo las olas de ese río marrón se veía. ¿Olas? Ups. No es bueno ese clima para navegar – pensé. En fin, no soy de las que se descomponen en barcos ni aviones. Un par de canciones más y ninguna novedad. Sin nadie que controlara la permanencia, caminé por cualquier pasillo que condujera a algún lugar. No quedaba nadie en aduanas ni en boleterías ni en carga de equipaje ni en limpieza. Llegué hasta la manga por donde, en teoría, debíamos embarcar. Nadie en un extremo ni en el otro. El silencio me ayudó a seguir una voz que se filtraba por algún lugar. Llegué hasta una tele…prendida en un canal de noticias que no veía nadie. Afortunadamente no hablaban de una terminal de barcos que se había escapado del tiempo.

Un maletero haciendo horas extras me comentó que el barco que venía de Buenos Aires encontró un tronco en una turbina y se tuvieron que volver al puerto a repararlo…pero que ya estaban en camino…con mucho viento…pero en camino.

Pasó más de una hora. Aproveché para tomar fotos del atardecer con intervalos de 30 segundos. Salieron horribles quiero decirles. Docenas de fotos que voy a borrar. En fin. Cayó la noche. De tanto mirar…en algún momento vi algo que se movía y se acercaba. Una luz blanca arriba, una verde en un costado, una roja en el otro. O algo así.

Confirmaron que era el barco y que llegaría en poco. Me quedé en ese lugar estratégico pensando en ser una de las primeras en subir…como si eso me garantizara llegar antes, no?

Llega el barco y empieza en descenso. Primero, un par de señores vestidos de blanco. Uno empujaba una silla de ruedas con una señora con muy mal aspecto, otro le tomaba la mano y el otro llevaba sus cosas. Por detrás un muchacho que se agarró de las paredes hasta llegar a un banco y empezó a hacer flexiones. Después una chica con la mirada perdida que atravesó el salón derecho al baño. Otra con una mano en la boca, como conteniendo algo que se quería salir. Y un único comentario: cómo se movía el barco!!!!!!!!! Pensé en el café con leche, la pasta frola, algo de agua durante la espera y un barco en movimiento. Resultado incierto…pero no había otra alternativa.

El azar me dejó cerca de Malena, una muchacha casada hace 48 años con el mismo señor, que le temía al zarandeo en el agua y Laura, empleada de Colonia Express que había ido de intercambio a trabajar a Montevideo 2 días y no veía la hora de volver a su casa.

Terminaron de bajar y fue nuestro momento. Siendo las primeras en abordar tuvimos el privilegio de escuchar las recomendaciones de las azafatas: siéntense en el medio y atrás…no saben como está el río!!!! Si querían que terminada de asustarme…casi casi lo logran.

Me acomodé en mi sitio, vi que Laura se calzó los auriculares y Malena empezó a ponerse pálida. Y sin salir del puerto todavía, eh? Intenté entablar una conversación para distraerla…sin lograrlo. Puse el reproductor de mp3 en función “aleatoria” y dejé que el destino eligiera por mi. Un par de temas de Los Cafres que ni sabía que tenía en esa carpeta, Israel Kamakawiwo’ole, Chayya Chayya, Candan Ercetin, Ismael Lo, Alegría.

Así como en Lan ofrecen unos alfajores a los 10 minutos de despegar, en el barco empezaron a repartir bolsitas “por las dudas”. Uno de los tripulantes tenía una bandeja con servilletas de papel húmedas “por las dudas”. No dejaron que nadie viaje arriba ni adelante “por las dudas”.

El barco se movía que era un contento. La primera en sentir los efectos fue Malena. Primero le faltó el aire, después se puso pálida, se le entumecieron los dedos y se desmayó. Entre 2 ó 3 la acostaron en el pasillo. Por el susto y el movimiento, Laura hizo uso de la bolsa…y de las servilletas para limpiarse. Afortunadamente nada falta en mi mochila…agarré el alcohol en gel y le puse en abundancia para que oliera y se pasara por las manos para combatir el olor. Ojo, no fue la única con ese inconveniente, eh? Varias bolsitas se usaron.

Viendo que mi estómago está hecho a prueba de todo y resistía la cabalgata, me fui al free shop. No había nadie…la vendedora estaba cerrando por falta de convocatoria. Puse sobre el mostrador todo el dinero uruguayo que me había quedado y lo cambié por unos chocolates para mi Tutu y volví a mi asiento. Varios acostados en los pasillos, bolsas que iban y venían, servilletas de papel mojadas…nada había cambiado…salvo el olor que inundaba todo. Fue el único momento de temor…ese olor es nefasto para mi…pero zafé de eso también.

A lo lejos se veían las luces de Buenos Aires…que se movían como si fuera un terremoto…pero no…éramos nosotros y el barco lo que se movía…

Y después de un rato llegamos. Sin equipaje, salí en pocos segundos. Me crucé con Juan Pablo, un fenómeno que me consiguió los pasajes justo a tiempo. Lo saludé y me zambullí en un taxi que en pocos minutos me dejó en casa.

El cansancio que portaba todavía me acompaña…trabajé todo el día…miraba por la ventana…veía el río calmo y no entendía qué fue lo que lo hizo enfurecer así unas horas antes. Ahora sólo me queda ordenar un poco mi casa y descansar del descanso.

Esto fue lo único poco agradable de estos días…mañana contaré lo bueno que estuvo todo lo demás…

María, sintiendo de a ratos que la tierra se mueve…

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