Desde que mi Tutu cumplió 2 años, hasta más o menos sus 7 ú 8, cada Diciembre concurríamos a los centros comerciales a dejarle la carta a Papá Noel y, de paso, tomarle una foto a la niña con ese pobre barbudo vestido de invierno con más de 35º de temperatura ambiente. Siendo mi pequeña acompañante tan considerada con el prójimo, junto con la carta solía dejarle una lata de gaseosa bien fría o una botella con agua helada. No saben la cara de felicidad de Santa Claus.

Gracias a esas acciones siempre recibimos lo que pedimos, desde la película de Anteojito y Antifaz hasta los palitos chinos y la mesa para desayunar en la cama.

Y la pregunta difícil de responder era: por qué está tan abrigado? Está todo transpirado y usa botas. Dada la categoría mágica del personaje, es hasta normal mantener la temperatura corporal del polo norte, lugar donde vive el resto del año, a pesar de venir por un rato al otro hemisferio. No siempre fueron aceptadas las explicaciones, pero una Cajita Feliz a tiempo servía como maniobra de distracción.

Ya un poco más grande, ella misma se ocupa de poner nieve sobre el pino artificial que armamos cada año…ya le enganchó la onda y sabe que ese pedazo de la casa está afuera de toda condición climática natural: es invierno y obra milagros.

Este último Miércoles la naturaleza sin ayuda me pintó una postal inolvidable. Pese al anuncio de lluvia, no cayó ni una sola gota de agua en la ciudad, sólo algo de viento. Adivino que Eolo estaba divertido y se le dio por jugar con los árboles de Plaza San Martín, unos que tienen unos capullos que guardan una especie de algodón. Los sacudió con tanta fuerza que los hizo caer y abrirse. Los fragmentos más pequeños volaron hasta meterse en las narices y ojos, provocando irritaciones y estornudos en algunos de nosotros, los débiles alérgicos. El grueso de ese material similar a las nubes en apariencia, fue esparcido con una perfección japonesa por sobre el césped de la plaza, haciéndola parecer una colina recién nevada.

Fascinada con tamaña perfección no puedo menos que rodearla y mirarla, y volver a mirar…y volver a recorrerla y volver a mirar. Nunca atiné a tomar una foto con el celular o venir a casa a buscar la cámara.

Justo ese día la CNN habrá tenido otras noticias que cubrir en la ciudad. No estaban ni Carolina Cayazo, ni Javier Doberti, que tantas veces intentan explicar lo que es un cacerolazo, o caceroleada, desde esa zona y se hubiesen ligado una linda foto de fondo sin ninguna producción.

Por supuesto, después de contar tamaño suceso, los comentarios fueron coincidentes: y no le sacaste una foto? Qué? Si no hay foto no existió? Juro que pasó…y alguien más lo tuvo que haber visto…no creo haber sido la única en repararlo…quizás la única en no tomar fotos…pero no en verla…

María, cierro los ojos y veo el pasto cubierto…

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