De las aves que vuelan me gusta el chancho y de las frutas las empanás…

Habiendo nacido en el interior, se que lo antes escrito es simplemente una chanza. Algo de aves he aprendido en estas décadas.

Gracias a las colombófilas Unión del Norte y Van Den Zander aprendí algunas costumbres de las palomas. Se de su gusto por regresar a los lugares de donde han sido soltadas, por ejemplo. Por eso comprendí ese berretín de volver y volver a mi balcón en aquella época que terminó en mi día de furia.

Hace un tiempo tomé la costumbre de mirar por la ventana. Nada en particular. Ningún punto fijo. Simplemente dejar que mi mirada se pierda. Hace unos días reparé en un faro de alumbrado público y lo que acontece sobre él.

Un palomo de color gris corteja a una pequeña paloma de color blanco, algo sucia. Todos los días, varias veces por día, estas memoriosas aves se dan cita en el poste. Primero una…camina en círculos como quien espera en las afueras de la sala de partos…aguarda unos minutos y aparece el compañero.

O sea, no solo saben volver al mismo lugar sino que también saben la hora. No crean que por esto les he tomado cariño. No, no, no…sigo pensando lo mismo, pero ahora entiendo menos a la naturaleza…dotar de esas habilitadades a esas aves buenas para nada…

María, esperando ver alguna golondrina…

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