Salí de visitar a mi madre, con jeans, remera gastada y alpargatas. Iba por Corrientes hasta que vi a una pareja de ciegos intentando sortear los obstáculos que indicaban que la vereda estaba en reparación. Los bastones no detectan cintas blancas y rojas que dicen “cuidado” puestos a casi un metro de altura. Y no me vengan con que se deberían hacer bastones “inteligentes”…hagamos las cosas mejor.

En fin, viendo que nadie los ayudaba, me bajé del taxi y me ofrecí a recorrer un par de cuadras con ellos. Raúl me tomó del codo y Graciela hizo lo mismo con el suyo. Difícil contestar la pregunta lógica: qué pasó acá? Caminamos como fila india en el espacio justo que quedaba entre los andamios y el cordón de la vereda. De la nada aparecían obstáculos como si fuera un jueguito electrónico. Me dijeron que iban al teatro a ver una obra policial. Tuve que explicarle a Graciela que, si se referían a The Pillowman, se había terminado el 29 de Septiembre. Se suspendió el plan y los acompañé hasta Las Churrasquita.

Volví y entré al teatro a ver Eva. Ya la había visto…hace como 20 años. No se si se me permite el comentario, pero me pareció que la señora Nacha Guevara luce mejor que en aquel momento.

No soy de las que aplauden TODO en el teatro…aunque hay veces que algunas escenas me los arrebatan. Intento no ofender a nadie con el comentario, pero noté que en la sala había muchos muchachos peronistas que aplaudían más a la abanderada de los humildes que a la actriz que interpretaba el papel. No es un personaje cualquiera…forma parte de nuestra historia reciente y sigue despertando pasiones.

Dejando de lado el color del libro, sobre el escenario se vieron más de 20 cantantes y bailarines que se ganaron todos y cada uno de mis aplausos.

En el entreacto no me levanto de mi sitio ni de casualidad…después no se volver…no tengo el talento de las palomas mensajeras. Al lado mío una jovencita con un tatuaje que llamó mi atención. No tengo vergüenza para esas cosas, de una le pregunté la historia y me la contó: una línea que representa la vida es atravezada por un símbolo que representa el hombre. Lo tiene el bajista de la banda Catupecu Machu y se llama “El lugar”. Nunca supe el nombre de la niña, pero su historia hicieron que esos 20 minutos pasaran volando.

El segundo acto es el típico pum para abajo. La escena del final…esa cama/féretro me erizó la piel…difícil no creerle que se iba. Además, todos ya conocemos el final, no?

Noté un tanto caras las entradas…pero para mi era una noche de aniversario y me pareció que valía la pena.

Pablo, faltaste vos, no te pudo esperar…jejeje. Cuando la veas comparamos opiniones, te parece?

Ahora se me cierran los ojos…arranqué casi al alba y no paré…se me cierran los ojos…me voy a la cama…estoy mayor…;)

Algunas conclusiones entre gallos y medianoche:
– Increíble el trabajo del cirujano de la protagonista…no se notan las cicatrices.
– Le noté un aire a la “señora” en los labios y en el tono de algún discurso…se habrá presentado al casting?
– Será que la señora Nacha Guevara es la Dorian Gray de nuestros días?
– Esos compañeros que ovacionaban cuando el personaje decía “carajo” u “ojo por ojo, diente por diente”, será que hace bastante no tiene una compañera justicialista a la que felicitar?

María, sin respuestas…no puedo pensar más…
P/D. Les dejo una de las canciones que más me gustaron. En el transcurso de la obra cambió muchas veces de letra…en esta parte se luce también Roberto Valss. No se mezclaron algunos acordes de alguna otra canción de la producción Nacha/Favero?
P/D2. Esta salida me tocaba invitar a mi…te la perdiste…perdón…sigo en deuda 😉

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