Algo desajustado por estos cambios de horario, no tengo mayores quejas hacia mi reloj biológico. Suele presentar unos minutos de diferencia con los valores que muestran los tradicionales relojes de agujas o con el valor que muestran los celulares, pero nada que amerite una necesidad de reparaciones.

En general, medio que me despierto un rato antes que suene el despertador. Pensaba que era por este mágico mecanismo del que les contaba en el párrafo anterior, pero estoy casi segura que hay algo más que influye últimamente.

El edificio donde vivo tiene pocas unidades habitacionales…sólo 18. La mayoría somos propietarios y las únicas actualizaciones respecto de los moradores se producen por los fallecimientos de los vecinos que se mudaron cuando el edificio se terminó de construir. Varias señoras octogenarias dejan a diario un vaso de yoghurt vacío en la puerta como señal para Aurelio: están vivas. Así fue que hace unos años, ante la ausencia del vasito, llamaron a la emergencia médica y encontraron el cadáver de la señora de la que nunca pude pronuncia el apellido. Era llamada “la alemana”, pero desconozco su verdadera nacionalidad.

Las reuniones de consorcio suelen ser aburridas y con poca gente. Sólo podemos concurrir los que nos movemos por nuestros propios medios, no estamos sordos y todavía podemos firmar el acta. La última vez que fui éramos 4, contando al administrador…y a la última no quise ir.

Producto de uno de esos fallecimientos, al principio del invierno se mudó alguien unos pisos más arriba. Ignoro la composición del grupo familiar. Pero puedo decir que hay alguien con poca paciencia que cree que la puerta del balcón, de hierro y vidrio, se cierra a los empujones. Lo demuestra cada mañana y no lo logra en el primer intento, por lo que vuelve a golpear al menos una segunda vez. Con suerte ahí se cierra, sino, un último intento con más energía.

Al cabo de unos meses me he estado dando cuenta que eso podría ser lo que me despierta y no necesariamente mi reloj biológico. Aparentemente, en el momento del ruido, me encuentro en un estado del sueño del que no puedo salir así nomás. Me llega el ruido y medio que me despierta…pero no lo suficiente para abandonar los brazos de Morfeo. Por un lapso de tiempo que desconozco cuanto dura, sistemáticamente tengo la misma idea: durante el día voy a redactar una especie de “nota” y la voy a pegar en el ascensor. En ese semi sueño, encuentro las palabras adecuadas, con sentido del humor y respeto le pido suavidad al querer entornar la puerta y le explico algo importante con palabras sencillas. Me he descubierto casi sonriendo…admirada por haber podido sintetizar en esas pocas frases la contundencia de mi pedido. Me imagino a mis vecinos leyendo lo que tranquilamente podría ser un poema y hasta podría tener rima, logrando que esa puerta sea tratada como corresponde.

Sin tener algo que me permita registrar la genialidad que mi mente propone, me parece que caigo en el sueño profundo nuevamente hasta que Elvis me dice Maybe I didn’t treat you, quite as good as I should have. Salgo disparada para la ducha, completo mi rutina diaria y me voy a la oficina, olvidándome de la puerta/ventana que da al balcón.

Mis realidades diarias me hacen olvidar por completo el incidente. Luego, caminando las 30 y tantas cuadras que separan la oficina de la casa, caigo en una especie de trance en el que mi mente queda en blanco. De la misma manera que las palomas mensajeras conocen el lugar donde volver, llego a casa.

Mientras espero el ascensor medio que voy volviendo a la normalidad. Podría llegar a contestar alguna pregunta directa sin mucha elaboración. Abro la puerta, entro, miro los espejos y se que en ese lugar debería estar la nota genial que se me ocurre con cada despertar adelantado. Mi mente está tan vacía como esas paredes. No recuerdo ni una sola de las frases increíbles que se la han poblado más de 12 horas antes.

Hay un solo instante en el que siento que el sueño me ha robado algo bueno, o quizás, acepto la posibilidad de que todo lo que pensé fue solo un sueño y en él encontraba las palabras perfectas para todo pero que con los 5 sentidos en su lugar no llego a elaborar un simple “por favor, no hagan ruido tan temprano”.

Y la historia se repite cual déjà vu. Estoy segura que eso pasó el día anterior también, o al menos alguna otra mañana no necesariamente la de hoy. Y subo los 2 pisos esperando que la inspiración llame a mi puerta, pero se quede un rato más en la corteza cerebral para que la pueda recuperar en la mañana y compruebe que ni dormida ni despierta soy capaz de encontrar la manera o que en sueños puedo con todo…no se…lo que me haga más feliz…

María, segura de poder tener un sueño lindo y hacerlo realidad durante el día…

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