Hasta hace un rato estaba convencidísima de que hoy era Lunes. Por esas cosas locas de la vida me acordé de un finde largo del 12 de Octubre de hace bastantes años.

Sin la existencia de mi Tutu todavía, mi cómplice perfecta resultaba su madre. No contábamos con presupuesto para viajes, pero queríamos ver el mar. Hicimos un pozo común, nos tomamos el 24 y fuimos a probar suerte en el Bingo. No me gusta jugar ni al veo veo, así que mucho entusiasmo no tuve. En fin, un rato sin ganar y mi insistencia hicieron que abandonemos los planes. Salimos del local y en la puerta, producto de la humedad, mi hermana se “patina” y cae en la vereda, lastimándose un tobillo. Como se imaginarán, lo primero que hice fue reírme, después miré qué le había pasado. El pie se le empezó a hinchar. La senté en el cordón de la vereda, le pedí lo que le quedaba de plata y me fui a un kiosco que parecía tener un teléfono público. No va que justo el kiosco también era agencia de loterías y quinielas. Entré, saludé y le dije al señor que atendía: mi hermana se cayó en la vereda del Bingo. A qué número le juego? Al 56 me dijo. Y ahí fue todo nuestro capital. Tomé el comprobante de la apuesta y volví al lugar donde la había dejado. Me senté al lado intentando compartir su dolor. Pasados unos minutos me preguntó “a quien llamaste? Ya van a venir a buscarnos?”. Con total sorpresa contesté “no llamé a nadie, jugué toda la plata a la quiniela”. Rápidamente me levanté para esquivar la reprimenda. No me acuerdo la cadena de improperios que me lanzó. Injustos además, pero bueh, le dolía.

Llegó la ayuda y nos acercaron a la clínica Finochietto. La revisaron y le ordenaron placas para ver qué le había pasado. En la sala de espera estaba prendida la tele y justo estaban dando los resultados del sorteo. Tenía que retirar el informe, pero coincidimos en que eso podía esperar, no? Dan el primer premio y lo cantan con unas ganas: el 56!!!!!!! Quería ir a cobrar en ese momento, pero me contuve, retiré las placas y fuimos a consultar de nuevo al médico.

Fue un esguince. Nos dio un par de indicaciones y yo pregunté: pero así como está, se puede ir a Mar del Plata? Y, no – digo el médico. Le conviene descansar. Al día siguiente fui a cobrar y compré los pasajes.

No nos quedaba mucho resto para la comida, nos pareció que podíamos llevar cualquier cosa que entrara en el bolso con la ropa y no manchara. Una lata casi llena de una especie de habanitos de chocolate marca Capice, unos saquitos de té hurtados de la cocina y alguna otra chuchería nos alejaría de la inanición.

Llegamos a la ciudad feliz y nos instalamos en el departamento prestado. Llegó la hora del desayuno: te con habanitos. Almuerzo: jugo con habanitos. Todavía recuerdo el dolor de estómago de la tarde. La noche nos pidió ayuno. Nada importaba, estábamos en Mar del Plata!!!!!

Al día siguiente mates en la playa, en un lugar con pasto, de espaldas al mar. Sabiendo que nos faltaban pocas horas para el regreso, vaciamos los bolsillos y vimos que nos alcanzaba para una lata de gaseosa y una manzana con caramelo y pochoclos. Todo se compartía, eh? Queríamos inmortalizar el momento, tomé la cámara y le saqué una foto. Después cambiamos los roles para ser yo la retratada. En el preciso instante en que iba a sonar el “click” de la foto, la única ola de toda la tarde elevó sus alas, se montó a alguna nube y me cayó encima, llenando de agua salada la manzana y la lata de gaseosas.

Empapada como estaba volvimos al departamento. Encontramos una plancha y pudimos secarme.

En el viaje de vuelta, para evitar tentarnos con los típicos pebetes de Jamón y queso que la gente come a mitad de camino, tomamos la cámara y fuimos a tomar fotos a un parque de diversiones. Todo muy lindo hasta que vimos unas lucesitas rojas alejarse. El micro se iba y nosotras paveando en la plazita!!!!!!!! Corrimos, lo alcanzamos y llegamos sanas y salvas a casa. Bueh, sanas y salvas es una manera de decir…ese tobillo no pensaba lo mismo.

No se qué cantidad de años después, el Viernes, el tobillo que se lastimó fue el mío. No hubo quinielas ni viajes a Mar del Plata ni olas que mojan gente ni manzanas con caramelo…pero me dieron unas ganas de contarles la pequeña historia…inolvidable para nosotras…perfecta gracias a nuestras frágiles memorias…

María, esperando el próximo feriado…pero falta un montón me parece…

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