Hace una punta de años, mi amigo Víctor me regaló una taza que decís “Quien tiene amigos tiene un tesoro. Hola tesoro”. Muchos, seguramente los celosos de siempre, decían que el obsequio y la frase eran grasa, pero a mi poco me importan esas opiniones. No busco a mis amigos por el glamour…la taza me pareció encantadora y me la regaló como recuerdo de sus vacaciones y creo que fue una de las tazas más lindas que he tenido.

Finalmente hoy compré el porta CDs al que le estuve rondando durante semanas. Nada me convence mucho…éste tampoco…pero la caja gigante del centro del comedor se tiene que ir HOY.

Buen momento para, antes de asignarle su lugar definitivo-hasta-que-cambie a cada disco y cassettes que vienen acompañándome desde hace un par de décadas.

No presumo de saber todo lo que tengo…para qué mentir? Un par todavía conservan el celofán que los envuelve y mantiene sin estrenar. Un cassette buenísimo de música country que jamás endulzó mis oídos. ¿Qué para qué lo compré? Ni idea…calculo de pura entusiasta nada más. Hoy tampoco lo escuché, pero le saqué el celofán para que no sienta aislado.

Otros, los más, al limpiar las cajas afloraban historias que se tejieron a su alrededor…cantidades incalculables de escuchar, dar vuelva, escuchar, dar vuelta, escuchar…antes o después de un gran recital. Cuando tenía en mis manos el cassette de Fabiana Cantilo y los Perros Calientes me acordé exactamente lo que hice el día que fui a verlos. No recuerdo en qué año pasó aquello…ni donde fue…pero se que ese mediodía comimos un asado en la casa de mi amigo Roy…y que a manera de “chiste” me hicieron pelar docenas de criadillas de cerdo sin decirme qué eran. jajajajajajajaja…la cantidad de bromas al respecto…

Si por cada disco o cinta les contara la historia que tiene, créanme, no terminarìa en esta vida. Nada de lo que tengo es un objeto…suelo pensar que son solamente souveniers de alguna historia en mi álbum de buenos recuerdos.

Y después vengo y leo esto en el diario…

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Se dieron cuenta la cantidad de gente que se siente con derechos? La verdad, me dio vergüenza ajena. ¿Qué diferencia aquella actitud a la actual moda de apropiarse de nuestro patrimonio? Con todo el respeto que me merecen esas familias que ahora reclaman, digo, no sería mejor tomarle un par de fotos a lo encontrado, guardar “algo” de recuerdo y volver todo eso a sus legítimos dueños? O algún ingenuo cree que por estar 200 años bajo agua se habrá limpiado la sangre que manchó el cargamento? Para que alguien tenga mucho, indefectiblemente mucha gente tiene que carecer de todo.

Qué se yo? Pero a la distancia…creo que de haber estado en el puerto viendo partir aquel barco llevándose tanto…capaz el pensamiento “ojalá se hunda” hubiese rondado mi cabeza. Y lo dice una pacifista que lamentaría cualquier deceso en cualquier circunstancia, eh?

Cierta tranquilidad me invade…todos mis tesoros están conmigo…son pocos…pero valen más que simples doblones de oro y plata…y ningún barco inglés me los va a hundir. He dicho!!!

María, diciéndole adiós a la caja…

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