Pocas cosas me provocan más dudas que el origen del universo.

En mis años de secundaria en el colegio de monjas, muchas veces presenté debate sobre el divorcio que para mi existe, y no está mal, entre la fe y la razón.
En la madurez he logrado asumir que son diferentes cosas y que no caminan siquiera por la misma vereda…pero ambas pueden ser razones para la vida.

Este gran acelerador de partículas que hicieron funcionar hoy sirve simplemente para demostrarnos que tenemos científicos inteligentes, capaces de entender cierta lógica del universo e ingenuos para tratar de pensar en repetir la creación.

Debo aclarar que no profeso religión alguna. Uso un rosario porque me lo regaló mi madre con la mejor de las intenciones, soy madrina de una pequeña muchachita que aprendí a amar desde mis entrañas, lloro en las bodas cuando cantan el Ave María y me gusta la acústica de la Abadía de San Benito. Posiblemente eso sea lo más cerca que estuve, o estoy, de cualquier religión.

Pese a todo, soy una gran practicante. Confío cada mañana que existe un secreto destino que deberé cumplir inexorablemente y se que me asisten todas las herramientas para intentar transformar lo malo en bueno…o al menos en no tan malo. No engaño a un niño porque es más fácil mirarlos con la verdad. Miento a un grande, a veces, por no demostrar desinterés…es más aceptable un “ahora estoy ocupada” y, por sobre todas las cosas, siento, pienso y hago de una manera alineada. No podría hacer lo que no siento ni sentir lo que no pienso. Intento serme fiel.

Esta famosa máquina de Dios que pusieron a funcionar hoy podrá explicar por qué me quedo sin aliento cuando me siento feliz? Podrá acaso demostrar qué célula es la que hace que te imagine sonriendo otra vez? Servirá para explicarme de qué materia están hechos mis sueños? Me ayudará a entender la indiferencia? O acaso simplemente explique que todo esto puede abrir un interrogante mayor y nuestro único objetivo podría ser la búsqueda continua?

No quisiera darme por conforme nunca ante la falta de respuestas a mis tantos interrogantes…pero prefiero dejar esa tarea de investigación a gente con tiempo, gente que piensa que el universo, y mi vida, son sólo una aglomeración grosera de átomos.

Desde lo personal, me conozco única e irrepetible mente…por más máquinas que logren perfeccionar. Y estoy rodeadas de mis únicos. Personas que me provocan sentir. Seres que se toman un colectivo para encontrarnos en la puerta de un teatro. Gente que no acelera ni una partícula en el momento de la despedida. Sujetos que se toman un tiempo para reírse de nada. Entes que no saben como llegaron hasta acá, pero que se están chupando los huesos de un par de pollos de Trak.

Me hubiese gustado que los 4.000 millones de Euros destinados al proyecto hayan sido destinados a asegurar que a nadie le falte nunca más un vaso de leche en la mesa y en una charla de café, los mismos científicos mirándose a la cara, reconozcan que quizás podamos hacer colisionar protones en un laboratorio…pero no podemos explicar el alivio de saber que tenemos tiempo de decir te quiero una vez más. Puede ser cursilería de Corin Tellado…pero les aseguro que a muchos que conozco les hace más feliz un te quiero que una máquina…y hoy estoy en ese grupo.

La noticia de la mañana y la obra de teatro de la noche, El hombre inesperado, han obrado una mezcla rara en mi. Me voy a retirar…me espera una cama tibia…no hay máquina de Dios que me impida entrarle.

María, entre los dos temas…elijo la simpleza de imaginar…

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