Una frase que suelo usar a menudo es una que leí pintada en un cuadrito que alguien que no recuerdo me regaló hace mucho: la amistad es como la sopa, no hay que dejar que se enfríe.

Con cada cambio de agenda, o de celular, o simplemente cada tanto, repaso la lista de direcciones y me pregunto si realmente debo seguir teniendo esos datos registrados o si les ha llegado la fecha de vencimiento. Obviamente no son mis “cercanos”…y no es porque a ellos no los sacaría…es simplemente porque no necesitan estar registrados para saber que están.

Hace unos días leí un nombre en un periódico y recordé a una compañera de colegio que estaba dando a luz casi en el mismo momento en que me mudaba a la ciudad. Intenté imaginarme como sería ese “bebé”…y me di cuenta que estaría a punto de cumplir la nada despreciable edad de 26 años. Sentí un “como pasa el tiempo”.

Al mirarnos casi a diario en algún espejo, es difícil notar ese paso. No se notan los cambios día a día. Será por eso que no deseo encontrarme con gente que no veo hace años? Por el contrario, algunos amigos celebran encontrarse con alguna “Carmela” que no ven desde la fiesta de egresados, pero yo no…

Llámenme insensible…pero si no nos vimos durante tanto tiempo, el lazo no era fuerte…o al menos no lo suficiente como para buscarnos o mantener el lazo.

Creo, por supuesto, en las amistades largas…pero sin tantos paréntesis…sino…me parece…todo se va a terminando de alguna manera.

La excepción es mi grupo de “solteros”. Se mantiene a través de los años…entramos y salimos acorde al estado civil que portamos. Pasamos un tiempo alejados…luego volvemos. Y ahí se permiten las ausencias, “perdonadas” solo por los regresos…que indefectiblemente ocurren…quizás porque somos libres empedernidos o porque le hemos tomado el gusto a la soledad.

El finde fui a ver Baraka. Una delicia hecha obra de teatro. Una semana de encuentro de los 4 protagonistas que se han acompañado en el paso del tiempo y se ven, por un instantes, frente a frente con aquellos jóvenes que fueron. Intentan retomar aquellas épocas veinteañeras y lloré de risa…y de emoción al verlos con esos sacos de pana azul repitiendo su número de antaño. Ya no eran los mismos. La vida les pasó por encima. Uno de ellos lloró en el nacimiento de Laurita, la hija mayor de Julián, y vuelve a llorar cuando lo recuerda…18 años después. Quizás el sentimiento sea el mismo, pero ellos son diferentes.

Uno de los personajes está algo “chapita”. Estuvo internado en un psiquiátrico por problemas varios y está iniciando su regreso. En el momento cúlmine de su delirio esboza una idea que provoca la risa de casi toda la platea. Digo casi toda la platea porque a mi no me movió un pelo…era lógica pura…al menos lógica pura para mi. Y aclaro, no creo estar así de “chapa”…al menos mi terapeuta no piensa eso…me ha dado el alta… 🙂

Sentí que podía tener algo de ese adorable “Tomasito”, como también algo de ese “Pedro” que tomó un trabajo de verano y se quedó en él 21 años, algo de ese “Julián” que sentía que tenía todo y de pronto perdió todo, aunque nunca lo reconoció, y afortunadamente no tengo nada de “Martín”, un director de teatro que duerme a sus amigos en cada estreno…quizás aburra con mi discurso, que sería más o menos lo mismo.

Pese al frío, me volví caminando…necesitaba pensar en la amistad. Amanecí con un dolor de gargantas como pocas veces. Seguramente tenía algo desalineado el chacra de la comunicación, no?

Me senté frente a la PC, repasé mi lista de contactos, y envié sendos e-mails a los que están algo “lejos”. Para mi sorpresa, ninguno contestó diciendo “qué raro tu mensaje”. Todo lo contrario…la mayoría coincidió en un “justo me estaba acordando de vos hace un rato” o “te mandé una carta…debe estar por llegar” o “te extraño y no me animaba a decirlo” o “cuando nos tomamos unos días y nos despertamos en otro lado?”.

En Baraka el final no es el que yo esperaba…pero afortunadamente fue solo una magistral obra de teatro, interpretada como suelen hacerlo los 4 mosqueteros.

Y para nosotros, simples mortales, el tiempo pasa…si…pero no nos estamos volviendo viejos…estamos logrando mayor antigüedad…jejeje

La obra en cuestión se estrenó en 2004 bajo la dirección de Kevin Spacey. Si pueden, no se la pierdan…van a salir pensando…

María, sin poder calcular el valor de los amigos…seguramente más que el PBI de éste y otro país…

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