Ya sabemos que le encuentro un “sabor especial” a las noches de estrenos teatrales. La de este Jueves no fue la excepción. La excusa para desafiar el sueño y el frío? The Pillowman…El Hombre Almohada.

Hace mucho que no veía una comedia negra con tan buen libro. Lejos, la mejor obra que vi en el año. Saldrá conforme…pero no pretenda entrarle a la cena recién salidos de la función. Hay demasiada tensión como para poder mover las mandíbulas de buenas a primeras.

Teatro lleno. Cuando apareció en el centro del escenario el protagonista, sin siquiera haber hecho un gesto, ya se llevó un aplauso. Con el pasar de los minutos se lo ganó.

Algunas señoras murmuraban cosas por lo bajo…eran frases que contenían, en el sujeto o en el predicado, el nombre “Pablo”. Después osamos decir que los hombres son “babosos”? Permítanme una deslealtad al género…pero en ninguna función vi a un hombre camouflando la cámara de su teléfono celular para poder tomarle una foto a alguna actriz…y acá algunas se animaron hasta al flash.

Era Jueves, día de terapia. La terapia de por si me da sed…sumémosle que quedé con la lengua afuera porque pensé que no llegaba…tomé más de 1 litro de agua antes de entrar. En el entreacto escuché “vamos al baño a sacarle una foto a la esposa del actor”. Qué feeeeeoooooooo!!!! Me quedé sentada para no ser incluída en el grupo de gente desubicada. Es que ya no se puede ir al sanitario tranquila si trabajás en la tele?

En el saludo del final tomé estas fotos sólo como muestra de haber estado y, ojalá, como incentivo para que la gente siga yendo a ver la obra.

Realmente, muy buena…

María, creo que la semana que viene voy de nuevo…”alguien” me dijo “tía, creo que me va a gustar la obra…llevame cuando quieras“…me puedo negar? Nooooo…

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