Los que conocen la reserva ecológica saben a qué me refiero, no?

Día de sol casi primaveral. Tomamos el atajo y llegamos a la puerta misma de la reserva donde nos esperaban las bondiolas de cerdo más ricas de al ciudad.

Gente con lonas como en el pic-nic de los Campanelis o la estudiantina de Esquina.

Todo muy lindo…pero se terminó y emprendimos el regreso.

Por el camino, parece, pisé un chicle y luego un pedazo de vidrio. Toda la tarde me sentí la reina del tap…caminaba y mis pasos eran marcados por el tic tac del vidrio sobre el mosaico. Lindo final para un buen día.

María, un pequeño detalle que me hizo sonreír varias veces en el día…

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