Suelo ser una muchacha respetuosa de algunas tradiciones. Venía de desayunar en una estación de servicios, almorzar en esos lugares donde tomás la bandeja, seguís una especie de riel donde van cargando los platos, encontrás una silla vacía, te sentás y comés. Muy parecido a un trámite. Me sentía en la cafetería de una universidad de series norteamericanas.

La merienda consistió en comer en el auto lo que tenía en el morral: caramelos Mogul, un alfajor El rosario relleno de mermelada de peras y un jugo Baggio.

En el cruce de la ruta 41 vi tractores con las banderas argentinas. Recordé que es el sitio emblemático para ilustrar la protesta del campo. Y me empezó a “picar el bagre”. De fondo se veía humo…y me vinieron ganas de asado. No me refiero a un asado en el tenedor libre de la vuelta de casa ni de una parrilla de moda…quería asado del que se come en el patio de la casa de alguien…el asado tradicional.

Elegimos un restaurante de ruta…con poca gente…sin mucha alternativa en el menú.

“Buenas noches…queremos asado bien cocido”.

Mi tipo de conversación favorita…nada de mucha charla ni preguntas de dudosa respuesta: fumador/no fumador? Cerca de la ventana? Esperan a más personas o pueden ordenar ahora? A mi me piden la bebida…después viene el mozo con la carta. Y un montón de etcéteras…

La bebida…un clásico…soda con una especie de compotera con hielo.

No recuerdo por donde iba la charla…se que me estaba riendo…pero no recuerdo el motivo. Se sintió un ruido como “a latas” y un grito…no de dolor…una especie de insulto compuesto por un par de “malas palabras” en masculino. Se abre una puerta al lado del mostrador y sale corriendo un perro lomo marrón, algo flaco, con unos mechones de pelo faltante y una tira de asado en la boca.

La huella que dejaba la carne en el piso fue seguida por el cocinero/dueño de restaurante/mozo que nos había atendido.

Juro que no quise burlarme…ni fue por los nervios…me reí con ganas porque la situación me pareció graciosa. El perro corriendo por el salón con lo que sería la comida me pareció una situación hilarante. Metí un par de cubitos en la boca…como pude pregunté cuanto era y nos fuimos.

No era el día para el asado…terminé comiendo un plato de polenta saborizada en casa, riéndome cada vez que recuerdo la escena…

María, tentada nuevamente…

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