Hace un par de años mi madre llamó a mi celular y casi sin detenerse en el saludo me interrogó: qué día es hoy? Aclarando Fecha y día de la semana. Recordé esas escenas de ER, Chicago Hope o Dr. House en que para evaluar el estado del paciente le preguntan nombre, fecha, ciudad o algo así y me asaltó la preocupación. Será que mamá está perdida? Sin demostrar susto le contesté día tal, de tal mes, de tal año. Me dejó en espera y comentó “Briggite, dice la negra que es Miércoles”. Agradeciendo la información, se despidió y colgó.

Imaginé la situación y me di cuenta que sin tener la obligación de ir a trabajar, y siendo algo despistada, dentro de la casa no hay información suficiente para saber en qué día se vive.

Sin ir más lejos, hace un par de semanas viví un período de todos Domingos. Salía a la calle…miraba a mi alrededor…observaba las caras…analizaba los comportamientos…todos los días eran Domingos o Feriados…o al menos eso parecían.

Uno de estos Domingos…no se si producto del calentamiento global o el sol, sentí que por un instante el tiempo a mi alrededor se detenía y podía ver todo, incluso a mi misma, desde un punto cercano. Estaba yo tan tranquila bebiendo un coco helado en la cubierta de un barco…agua entra azul y verde por todos lados…gorrito para evitar quemarme el cuero cabelludo…lentes para “apagar” un poco los rayos del sol y de fondo banyolín, pandereta y tambor acompañando a 3 muchachos que cantaban por fonética exitazos de Trini Lopez. Se paseaban por Guantanamera, La Bamba, América y alguna otra canción. Para el que no tuvo el gusto de disfrutar del genial Trini, debo decir que era una especie de Palito Ortega norteamericano que cantaba en cualquier idioma, haciendo la primera voz y los coros él mismo…en pocas palabras…UN FENÓMENO!!!

Cuando arrancaron con los boleros me di cuenta que el próximo debía ser mi último puerto…no podía seguir en ese estado…si me llegaba a pasar algo y un médico me interrogaba, no tenía manera de contestar donde estaba ni qué día era…hasta empezaba a dudar de mi propio nombre.

En el siguiente puerto tomé agua del último coco y bajé. Al principio parecía que la tierra se movía un poco…pero luego se tornó firme. Encaré para donde había un grupo de personas reunidas frente a la iglesia, interrumpí la charla y dije Com licença. Boas tardes. Que dia é hoje? Se miraron, me miraron y uno contestó hoje é Domingo. Y si…yo tenía razón…era Domingo.

Seguí unos días más…quizás alguno piensa que los días siguientes fueron Lunes, Martes o Miércoles. Error. Fueron todos Domingos también.

Y uno de esos Domingos, cuando empezó a llover, pasaporte en mano fui al aeropuerto. El embarque debía ser rápido porque no llevo equipaje más que mi mochila que se considera equipaje de mano. Pasé todo por los rayos “X”. A la salida me encaró una mujer bastante seria que me señalaba y se ponía guantes de latex al mismo tiempo. Susto de aquellos. Casi pierdo el color de la cara que me había llevado semanas conseguir. Sin emitir sonido, sólo con un gesto, me indicó que abriera la mochila. No tenía ninguna sustancia prohibida…al menos eso creía yo. Le entró directo a la crema para peinar. Algo de primera necesidad para mi en un clima húmedo, con rulos crecidos, poniéndome y sacándome el gorro cada vez que entraba o salía. Señaló la medida del producto…200 ml. Era verdad, pero le quedaba poco…menos de la mitad…menos de la cuarta parte. En un español paupérrimo me dijo que sólo se pueden transportar 100 ml de lo que sea. También confiscó mi crema humectante que compré en Lojas Americanas. Insistí en que midiéramos el contenido de la crema para peinar. Estaba segura que no superaría el tope impuesto. No logré que me ayudara. Sólo conseguí que me dejara ponerme un poco más…aunque sea que dure hasta llegar a casa le dije. Se ablandó…abrió y me dejó un poco en la palma de la mano. Di las gracias, no se por qué, y me fui.

De a poco me voy acostumbrando a los otros días de la semana…me invade “…esa nostalgia de Domingo por llover, de guitarra rota, de oxidado carrusel…”.

María, esperando que llegue pronto el Domingo…de fondo sigo escuchando “…yo no soy marinero soy capitán…soy capitán…soy capitán…”

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