Podría culpar al cambio de horario o al cambio de ritmo o simplemente a algún capricho…pero la realidad es que me despierto a las 6.00…y sin que suene el despertador.

Por más Cidade maravilhosa que sea…en algún momento caigo en la rutina. Esta mañana fue la muestra. 6.30 estaba duchada y cambiada…lista para bajar a desayunar. Como siempre…plato en mano…mango, melón, sandía y mamón. Luego café con leche. Luego jugos de cajú y maracuyá. Una ojeada al O Globo y a pensar en el día.

Sin dinero, la primera preocupación era cambiar divisas. Ni me acordaba que era Sábado, en vano esperé que abriera el banco. Mi última opción…el hotel. Las leyes del mercado le dieron ventaja. Me ofrecían R$155 por cada USD 100. No acepté y salí a buscar otras opciones. Todo cerrado y empezó a llover. A quien se le ocurre traer paraguas? A mi no. Como su nombre lo indica la Avenida Atlântica es la calle que bordea el Atlántico…larga como ella sola. Caminé sin encontrar mejor cotización. Tanta caminata me dio sed. Sentada, mirando el verde mar, me mandé el jugo de un coco con un sorbete. Me pedí otro para el camino y emprendí el regreso. La garúa se hacía persistente…y yo sin paraguas/piloto ni nada que se le parezca. Mientras notaba las medias mojadas, recibí un llamado invitándome a ir al taller de H.Stern a ver somo se fabrican las joyas con piedras preciosas. Acepté. Casi al promediar el coco, recibí otra llamada…pero esta vez de la madre naturaleza. Aparentemente tanta fruta provocaban el efecto de un par de Activias en ayuna. Recordé que muchas publicidades hacen referencia a la relación entre las vacaciones y el tránsito lento. Evidentemente no entré en el target del producto.

Soy de las que cree que la vida podría musicalizar cada escena con alguna canción brillante. En ese momento recordé a Miguel Angel Solá y la Típica en leve ascenso. Tenían un par de hits…pero el que llegó a mi mente fue “Mamá, quiero popó”.

Casi corriendo llegué a Av. Nossa Sra. de Copacabana al 500 mientras una chica en recepción me preguntaba si había conseguido cambiar el dinero. No sabía que contestar…ni me interesaba la pregunta. Con una seña acepté lo que quisiera darme con tal que fuera rápido. En no se qué idioma, ni siquiera era intenta de hacerme entender en castellano, intentaba decirle que me había olvidado algo en el cuarto y que me diera la plata después…que no tenía apuro. Y ella insistía en que le faltaban R$ 5.

Nuevamente la música a mi mente…La corbata rojo punzó, de Hugo Varela.

Demostrando que tengo total dominio sobre todos los músculos del cuerpo, tomé los billetes, llamé al ascensor y fui a la habitación…volviendo al lobby del hotel 3 minutos después…justo a tiempo para ir a ver tallar mi piedra favorita…un agua marina.

No se qué haré mañana…se lo que NO haré. Volveré al desayuno aburrido de café con leche y tostadas…ante todo la seguridad.

María, justo a tiempo

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