Siempre me creí conforme con los dones recibidos. No se si son muchos o pocos…pero los consideraba suficientes.

Ayer leí esta nota…

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…y me di cuenta que me hubiese sido de gran ayuda cuando mi madre me dejaba al cuidado de sus gatos.

Durante el primero de sus viajes, perdí uno. Después apareció…pero tuve que pedir ayuda…se había escondido en un lugar que ni sabía que existía.

La segunda vez iniciaron huelga de hambre, lo que provocó que mi madre tuviera que volver antes de lo previsto.

La tercera y última fue la que convenció a mi madre de no dejarme a cargo nunca más. Llegué una tarde y vi en el patio el resultado de una descompostura estomacal. Los reuní frente a eso y les pedí que me dijeran quien había sido. No iba a haber represalias (mentí), pero necesitaba saber quien era el enfermo. Pregunté varias veces…no movieron ni un bigote…no hicieron gesto alguno que los delatara. Creo fervientemente en la democracia y en la igualdad ante la ley. Les pregunté una vez más. Ninguno contestó…cucharada de laxante a cada uno. Santo Remedio. Los días subsiguientes todo fue tranquilidad. Estaban un poco deshidratados, es verdad, pero no volvieron a tener problemas estomacales.

A partir de ese día, el rol de Lucas, el cuidagatos, tomó más fuerza dentro de la familia…y mi madre ni siquiera insinúa que se los cuide durante sus vacaciones…

María, sin entender los silencios de los felinos…

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