En mi época de estudiante, la hora de hacer la tarea era un momento de soledad. Cual boxeador al que le sacan el banquito y exclaman “segundos afuera”, quédabamos el cuaderno, la lapicera y algún libro para poder resolver el problema. Dichosos algunos que podían pedir ayuda a un hermano. Casos excepcionales involucraban a los padres. Teníamos bastante claro que la tarea era para los alumnos.

Pasaron los años y las maneras. Ahora es común que una tarea involucre a la familia entera. No se si es bueno o malo. Si el alumno se acuerda a último momento, mientras la madre sirve las milanesas, les aseguro que el cambio pedagógico no será bien interpretado.

Hace un par de años caí justo el día en que un mayor debía escribir una frase que lo identifique en una imaginaria pared blanca y fundamente su elección. Pensé un poco y escribí “Quiero creer”. Expliqué que muchas veces necesito creer en algo sin dudar. La famosa lucha entre fe y razón…que en mi caso gana la última y deseo aunque sea un empate de vez en cuando.

Tal explicación contó con la conformidad de la alumna. Escribió la suya y tarea concluída. Pregunté cual había sido su frase…me interesaba conocer el interior de la menor en cuestión…quería saber qué tipo de sentimiento era capaz de exteriorizar. Sin ningún tipo de pudor, y con ese tono que denota obviedad, me contestó: viva Boca. Y el fundamento era porque ella era dueña de escribir cualquier cosa en esa pared…no tenía que ser algo elaborado ni superior…era CUALQUIER cosa.

Como siempre, los niños tienen la razón. En nuestro afán de querer demostrar que hemos crecido, solemos olvidarnos de esas simples cosas. Mi frase no me hace ni un mínimo de feliz en comparación a la suya…pero claro…la mía tiene una explicación racional…la de ella se escribe con el corazón.

Cuando paso por esas etapas en las que me cuestiono TODO…desconecto todo y escucho una canción que empieza con “mírenme…soy feliz”. Alguien podría empezar mejor una canción? No para mi gusto…

María, mírenme…soy feliz!!!!!

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Canción del jardinero

Mírenme, soy feliz
entre las hojas que cantan
cuando atraviesa el jardín
el viento en monopatín.

Cuando voy a dormir
cierro los ojos y sueño
con el color de un país
florecido para mí.

Yo no soy un bailarín
porque me gusta quedarme
quieto en la tierra
sentir que mis pies tienen raíz.

Una vez estudié
en un librito de yuyo
cosas que solo yo sé
y que nunca olvidaré.

Aprendí que una nuez
es arrugada y viejita
pero que puede ofrecer
mucha, mucha, mucha miel.

Del jardín duende fiel
cuando una flor está triste
la pinto con un pincel
y le toco el cascabel.

Soy guardián y doctor
de una pandilla de flores
que juegan al dominó
y después les da la tos.

Por aquí anda Dios
con regadera de lluvia
o disfrazado de sol
asomado a su balcón

Yo no soy un gran señor,
pero en mi cielo de tierra
cuido el tesoro mejor:
mucho, mucho, mucho amor.

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