En la semana mi Tutu había tenido algunas nanas y trataba de ir a visitarla. Mis ocupaciones y sus compromisos, hacían imposible el encuentro. Lo único que nos quedaba era el finde y teníamos planes desde el mediodía. Muy suelta me dijo “entonces desayunemos el Sábado a eso de las 9.00”. Viniendo de alguien que, como a mi, nos gusta hacer fiaca cuando podemos, lo vi complicado…pero acepté.

A eso de las 22.00 del Viernes, después de haberlo pensado bien, le dije que no quería que madrugara sabiendo que no se había estado sintiendo bien. Sugerí que lo dejáramos para otro día. Pasados los 30 segundos que le llevan leer un mensaje, contestarlo y enviarlo, recibí al siguiente provocación en forma de SMS: si me querés, llamame a las 9.00.

A las 9.00 llamé. Ella también había puesto el despertador. Evidentemente tenía ganas de desayunar con la tía. Me dijo que ya se levantaba y que la pasara a buscar. Llegué. Le toqué timbre y bajó al toque. Hasta acá, todos los hechos podrían ser considerados milagrosos. Normalmente tarda 40 minutos en acomodarse el flequillo y otro tanto en buscar lo que se va a poner. No contemos el tiempo de maquillaje. Pero esta vez fue diferente…estaba vestida, peinada y maquillada en tiempo récord.

Submarino con tostados para ella y café con leche con medialunas para mi. Hablamos como lo que somos…dos amigas. Nos reímos mucho pese a la hora y al día gris. Su mamá nos acompañó un ratito y después salimos solas a caminar. En un momento, y gracias a una maniobra distractiva, se metió en una librería y me compró un libro de bolsillo que en la tapa decía “Con cariño para mi tía”. Casi me muero. No la comí porque no tengo costumbres caníbales…pero me dieron muchas ganas de abrazarla. Lo empecé a leer pero no quería que me viera llorar…lo dejé para hacerlo en privado.

La única frase que leímos juntas fue “Una tía es una doble bendición, porque te ama como una madre y actúa como una amiga”.

Siempre me hace regalos…desde dibujitos que conservo cuando era chica, hasta un hermoso porta servilletas, una bombilla, un llavero, notitas y demás, pero últimamente me está dando mucho más…me está demostrando que los grandes que la rodeamos y la amamos, no hicimos nuestro trabajo tan mal. Se está tranformando en una bella señorita, con buenos sentimientos y sin miedo a expresarlos.

Aclaración: también le regaló un libro a la mamá y otro al papá…pero de eso tendrán que hablar ellos…yo cuento lo que me toca.

A la tarde hablamos. Le dije que el libro me había gustado mucho y que me emocionaban leer algunas cosas. Me pidió dos cosas: que no llorara y que nunca me fuera lejos de ella…sólo de vacaciones…pero que siempre volviera. Puede alguien decir que no a semejante pedido? Al menos yo no pude…

María, si quieren hacer feliz a alguien, pídanle a sus hijos que la llamen tía

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