Ignoro si podría ser llamada previsible por esto…pero cualquier persona que me conoce sabe que viendo la película “La última nieve de primavera”, en la escena en la que el hijo muere en brazos del padre, alguna lágrima no podrá contener. Ojo, no suelo ver esa peli con gente que no quiero que me vea llorar. Al principio me concentro y pienso en otra cosa, hago un esfuerzo para no llorar…pienso que es sólo un actor pequeño en brazos de otro actor más grande y nada más…pero no…en general las lágrimas me pueden.

En el resto de las situaciones públicas, en general, suelo emocionarme…quizás se me pongan los ojos un poco rojos…pero no más de ahí. Escuchar como Los Pumas GRITAN el himno me emociona, pero no pasa a más que eso.

Anoche fue a la excepción. Fui a ver la nueva puesta de El diario privado de Adán y Eva, la versión de Mark Twain, con China Zorrilla y Carlos Perciavalle. Ya conocía la obra y sabía como iba a terminar. Lo que no sabía era como iba a terminar yo. No podía secarme las lágrimas porque debía aplaudir…terminé con la cara empapada. Como diría Adán “llovía por los agujeros que sirven para mirar”. Pero no me dio vergüenza. La mayoría estábamos en las mismas condiciones. Y no fue privativo del género…los hombres también manotearon los pañuelos.

Sin saber de estos menesteres, debo decir que la ventaja que tiene esta puesta por sobre las otras, es que los actores son entrañables, se quieren con la mirada, se cuidan y se nota.

Pese a estar sentados, sin escenografía más que la mesa donde apoyan los libros, no necesitamos cerrar los ojos para sentir que él es el primer hombre sobre la tierra y ella una jovencita que vino a complementarlo…aunque él no se diera cuenta al principio.

El humor no faltó en ningún momento. Increíble la sabiduría de Eva al ponerle “loro” a lo que Adán había bautizado como “voladora verde que habla” o “pollito” al “hijo de la ponedora de huevos”.

Fueron desalojados del jardín del Edén por aquello del pecado original…pero castigo se sintió recién en el final. Y no quiero decir más porque pretendo que vayan.

El Nacional cambió la cara desde Víctor Victoria y así quedó. Ya no hay butacas sino mesas con sillas. Confieso que es complicado a veces mantener los brazos en alguna posición que no sea un bolsillo o la mesa. Entre nos…extrañé los apoyabrazos…

En fin, una excelente primer salida…

María, recuperando el tiempo sin salir…
P/D. Presten atención al pianista…tiene 19 años…es un virtuoso en el cuerpo de un adolescente…

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