Cuando no existían estos concursos de cualquier cosa en televisión, el colegio solía proponer algún tipo de sana competencia. Desde tercer grado las maestras me anotaban en el concurso de lectura. No podíamos leer antes el texto, nos lo presentaban en el momento. No me recuerdo nerviosa…iba a leer…conocería un nuevo cuento y eso era suficiente.

Ya de grande, incursionando en la docencia, alguna vez me he dirigido a mis alumnos y creo haber concitado su atención.

En el trabajo, una que otra presentación he tenido que exponer. Afortunadamente no me asoma la timidez en esos casos. Saludo, los miro a la cara y arranco.

Como público asistí a muchísimas conferencias. Desde hace unos años disfruto de la modalidad “teatro leído”.

A solas, la lectura también es buena compañía para mi.

En las últimas semanas leí que los candidatos a presidentes viajan a otros países y continentes y se hacen escuchar. Pareciera que lo que tienen que decir es más o menos importante depende de quien los escuche.

Si eso es verdad, el cuento del mono Bubu que vivía en una granja y se levantaba con ganas de desayunar debe merecer algún premio. Logramos que 33 niñitos de entre 2 (dos) y 5 (cinco) años acercaran sus sillitas y se prestaran a escuchar un cuento.

Díganme si alguien vio alguna vez un auditorio más prestigioso? Tenemos muchas fotos más…pero para muestra sobra un botón.

Empezó Alejandro con la historia de la granja hasta la aparición de las ovejas. Ahí me entregó la posta y seguí la historia hasta que todos los animales desayunaron.

Después Martín contó la rutina de Maisy antes de ir a dormir: lava sus dientes, se pone un pijama, apaga la luz, abraza a su osito y duermen.

Menuda tarea le tocó a Alejandra: una mamá pata extravió a sus 5 (cinco) patitos y a lo largo del cuento había que encontrarlos. Aparecieron, y…de paso…recordamos los números de 1 al 5. Algunos ya los sabían…otros los aprendieron con nosotros.

La verdad, un lindo final de semana. Ayer Viernes al mediodía partimos para la Villa 31, en Retiro. Justo al lado de la sala de primeros auxilios y un comedor comunitario, está la guardería “Virgen del Rosario”. A diario muchos niños son dejados al cuidado de Yolanda y María para ir a trabajar…y ellas…con poco…los entretienen.

Una de las primeras nenas con las que interactué ensayaba su instinto maternal haciendo dormir la cabeza de una muñeca. El ojo izquierdo y el resto del cuerpo se habían perdido.

Pese al trabajo de todos, no logramos que Martín saliera de debajo de una mesa. Espero que la semana que viene se siente con más confianza.

Una pequeña con poco vocabulario, cada vez que quería algo tironeaba mi remera, me llamaba “ma” e intentaba hacerse entender con su media lengua.

Después del cuento servimos medio vaso de leche chocolatada con 4 redonditos de cereal para cada uno. Dieron las gracias y aplaudieron.

Salimos cubiertos de besos…saludados con manitos que nos pedían volver. Y lo haremos.

María, sorprendida por encontrar niños que todavía se alegran con cosas simples…
0001image001.jpg

Anuncios