Leí en el diario que la primavera todavía no empezó. Teniendo en cuenta las temperaturas que se vienen, claro está. El calendario ya marcó el fin del Invierno y Crónica está contando los días para el verano.

Durante mi infancia y adolescencia, muchas veces hemos postergado el inicio “formal” de la estación porque las condiciones climáticas no daban para el pic-nic. Con lluvia no se podían llevar las guitarras, los sandwiches de milanesa, las galletitas con paté y el bizcochuelo para los mates.

El primer año del Urquiza de Caballito se reunió para festejar…pero…déjenme que les diga algo sin faltarles el respeto: comprar un Big MC con papas y gaseosas grandes e ir a comer juntos al Parque Rivadavia no es ni se parece a un pic-nic para festejar el inicio de la primavera. Y pagar el menú con los tickets de la tía tampoco. Se supone que tuvo que haber producción previa…llevar música…conseguir una lona grande…asegurarse el suministro de agua caliente para el mate de la tarde…procurar una pelota, etc, etc, etc.

Los tiempos cambian, lo sabemos todos. Pero juntarse en la vereda, comer el menú imperialista y mandarse mensajes de texto con los amigos que están haciendo lo mismo en otro parque no merece llamarse “festejo por el día de la primavera”.

Como toda persona grande, soy reiterativa. Llevo contada más de una docena de veces las estudiantinas de Esquina. Música y bebida en la playa. Medida la ingesta de alcohol, lo más “raro” que podía pasar es que metieran a alguien al agua y en la maniobra éste perdiera su ropa interior y no pudiera salir del río hasta que un compañero/primo/hermano fuera hasta su casa a traerle algo para taparse.

Un año quisimos innovar y fuimos a la isla. Nos llevaban un día y nos buscaban al otro. Nos organizamos para que todos llevemos los necesario y podamos disfrutar de un lindo fogón. El menú era variado. A la noche guiso de fideos, al mediodía pescado asado, si pescábamos, o guiso de arroz. Estábamos preparando el festín para la cena. Repasamos la lista y vimos que a Cayete le tocaba llevar la salsa de tomates. Estaba jugando a la pelota. Interrumpimos el partido para preguntar dónde había dejado la latas. Con total desparpajo dijo “para no venir cargado traje la plata”. Ese era uno de los lugares que hasta un millonario era pobre…los únicos habitantes de la isla eran los mosquitos y alimañas varias…y sabíamos que no tenían salsa de tomates para prestar…

Pero no fue importante. Creo recordar haber comido el guiso de fideos más rico…sin salsa de tomates…pero saboreado en una ronda alrededor de un gran fuego…para luego terminar mateando con tortas fritas…haciendo palmas al ritmo de las pocas canciones que le podíamos arrancar a la guitarra.

A veces pienso que sería lindo repetir…pero pensar en no tener baño, ni almohadas, ni sábanas limpias, me hace desistir de tal proyecto. El finde en Rodizio Luján estuvo bueno…

María, quieriendo un pic-nic…pero más burgués…

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Mañana campestre
Arco Iris. Gustavo Santaolalla

Mañana campestre
perfumada de azahar.
Un gorrión se escapa de tu voz,
en el río la cara de los dos.
Y el viento nos cuenta
la historia de un lugar.

Corramos al bosque
a preguntarle a un nogal
si es verdad que llueven rosas de cristal,
si la luna se ha ido a pasear.
Y el viento nos cuenta
la historia de un lugar
Mañana campestre…

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