No conozco todas las capitales del mundo…apenas las de sudamérica. Sin ser una experta, debo comentar que no he visto ciudad con más oferta de espectáculos que Buenos Aires. A toda hora, para todos los gustos y aptos para cualquier presupuesto, los carteles de Neón de las marquesinas de los teatros nos proponen la variedad.

Y dicen que en eso está el gusto.

Quizás lo puedo apreciar porque no siempre viví acá. Recuerdo mi infancia. Ver a alguien llegar al asado con la guitarra al hombro era ya garantía de “show” en la sobremesa, aunque el guitarrero sea mi cuñado Jorge que sólo sabía tocar “Sobreviviendo”. No importaba nada…arrancaba los aplausos como si fuese Paco de Lucía.

Durante el primer fin de semana de Enero teníamos EL show que debía darnos deleite para guardar por el resto de año: llegaba en festival nacional de la Sandía.

Permítanme recordar que fuera de la gran ciudad, la música de la tierra, el folklore, cuenta con muchísimos adeptos.

De esa manera, se me eran familiares las caras de Los Fronterizos, Los Chalchaleros, Roberto Ternán, Ramona Galarza, María Elena, Las voces de Orán, Los Cantores del Alba, y cientos que no podría nombrar.

Quizás era muy observadora en esa época y no se me perdía detalle o quizás eran muy evidentes las diferencias…no se…pero nunca hubiese confundido a un grupo con otro…aunque ambos se vistieran “de gauchos”.

Hubo unos que portaban traje beige. Inconfundibles por el color de su ropa y de sus voces. Cada noche de cada año llevaban calidad y romantisismo al escenario.

Pasados muchos años los volví a ver en la grabación del programa El Alma que canta, programa conducido por Guadalupe Farías Gomez. Recuerdo que le tomé una foto rodeada por los gauchos de beige, pañuelo blanco y poncho colorado. Los saludé y compartimos una amena charla mientras comíamos empanadas y tomábamos un tinto de damajuana.

Valoraron que los recordaba de la época de festivales. Sabían que pasábamos por una época en la que su música no estaba de moda, pero mientras a algunas personas todavía supieran revolear el pañuelo en una zamba, o hacer palmas en un candombre, ellos tendría razón de ser.

Sin ir más lejos, anoche, salieron de un festival para ir a otro. Un tren puso el final para algunos. Ricardo Romero y el gringo Bulacio ya no van a poder seguir cantando desde acá…pero seguro van a formar parte de alguna peña que se está organizando en las alturas.

Imposible recordarlos sin pensar en mi padre…uno de sus temas favoritos era Puerto de Santa Cruz y ellos hacían una muy buena versión. No pude ponerlo…me daría mucha tristeza escuchar tan bello tema. Asimismo, siempre es bueno recordar la importancia de las simples.

María, se que la muerte forma parte de la vida…y es inevitable…igualmente sorprende…

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