El periódico de ayer me enteró que la tendencia de los zoológicos modernos es agregar visitas nocturnas.

A ver si nos entendemos: ya hemos sacado por antojo a varias animales de su hábitat natural para poder ver como comen esas galletas horribles que le tiran los niños durante las visitas diurnas, para que ahora se cobren $70 para ver qué hacen en el horario en que deberían estar durmiendo.

Esto no es la escena de Madagascar donde festejan un cumpleaños y dicen que desean escapar…esta es la vida real…son un montón de animales tristes que no sueñan con escapar porque no saben lo que es la libertad de caminar por donde se les canten las ganas.

Los hemos confinado a un par de metros cúbicos para exhibirlos por un precio y ahora pretenden que nos sintamos orgullosos de estar en una ciudad que se anima a interrumpir a los animales también por las noches.

Acepto eso sólo si la gente que tuvo la idea me deja una copia de las llaves de su casa y, una noche cualquiera, le aparezco con 20 amigos que quieren saber como le quedan los pijamas y le pedimos que hagan nuestra gracia favorita sólo para que tengamos un lindo recuerdo.

Basta, basta, basta. Ya que no nos respetamos entre humanos, por lo menos respetemos a los animales.

María, si están aburridos…vamos a tomar un café el Miércoles que viene…prometo hacer sombras chinas que parecen animales…pero no despertemos a nadie chicos…

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