Algunos meses, junto con el recibo de sueldo, venían unos cupones de descuentos para ser usados en Burger King. Otros, promociones para ir al Parque de la costa. Este mes la cosa fue diferente: patrocinaron una función del ballet del Teatro San Martín y nos invitaron a todos.

Generalmente los Martes son “noches de tragos con amigos”…este martes fue El Mesías. No se cuanto duró…cuando me di cuenta ya estaban en el Aleluya y se terminó.

Una fila delante mío, Patricia, la secretaria del gerente comercial y Daniel Ravinovich. Dos filas más atrás Cecilia Zuberbühller. Al final de la fila Victor Laplace.

Pasada las 20.00 subió a hablar y dar las gracias alguien que no conozco…pero que parecía ser la organizadora del evento. Mencionó a la gente que hizo posible el espectáculo…entre ellos Jorge Telerman. Todas las miradas se dirigieron al pelado que estaba en la fila 4…pero estando yo en la 6…vi clarito que no era él…era Gabriel Dreyfus…también pelado…pero, que yo sepa, sin cargo en el gobierno de la ciudad.

En fila 3, al centro, China Zorrilla con dos muchachas amigas que tengo vistas de la casa del Teatro.

Al final, como buena provinciana, me acerqué a saludar. No le tomé fotos…pensé que era demasiada invasión.

Para los que no conocen la sala Martín Coronado del teatro San Martín, les cuento que está en un primer piso…hay que descender para llegar al hall…caminar unos metros hasta la vereda y poder salir.

Vi que la nieta del autor de “Los Treinta y Tres Orientales” empezaba a bajar las escaleras y me dió cierta “cosita”. No quiero usar una frase hecha y decir “ya no quedan hombres”…pero saben que no había sexo masculino que ayudase a la señora a bajar la escalera? Y señoras de menos de 60 quedábamos pocas. Me acerqué y le pregunté “quiere que la ayude?”, a lo que la señora me dijo “lo siento, llegaste 85 años tarde…yo puedo sola”. Ojo, lo dijo de onda, eh? Se rió, pasó su brazo por el mío y caminamos todo el hall. Sólo me corrí para no salir en la foto que le tomó un periodista. Le pregunté si quería que le parara un taxi, a lo que las señoras contestaron: vamos a 3 cuadras…nadie nos va a querer llevar. Tomé la tarea en mis manos…paré un coche negro y amarillo, abrí la puerta y ayudé a sentarse a la señora como acompañante del chofer y a sus dos muchachas amigas a entrar y acomodarse en el asiento trasero.

Me preguntó mi nombre, saludó y se fueron. Paré el taxi de atrás y vine a casa.

En el camino pensaba como sería una comida del elenco del ballet…los chicos le deben decir a las chicas…¿y si en vez de una milanesas con papas fritas te comés media manzana? Mirá que después el que te levante en casi toda la obra soy yo…”. jajaja…parecían hechas de plumas las bailarinas.

Martes diferente…pero muy bueno al fin. La semana que viene me pongo al día con los amigos.

María, ven…si llegaba 85 años antes…capaz le enseñaba a caminar…jejeje

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