Muchas veces he escuchado decir que si Dios hubiese querido que voláramos nos hubiera dado alas. Evidentemente Leonardo da Vinci no pensaba lo mismo y se mandó unos planos de aviones increíbles. Después vinieron los hermanos Wright y volaron de verdad. No pienso mucho en eso al volar, sólo miro las turbinas y me aseguro que siempre estén girando.

Extrapolando, si Dios hubiese querido que nos desplacemos sobre el agua, nos hubiera dado algo para eso, no? Y ahí estuvo el humano ahuecando troncos para hacer botes, atando cañas para hacer balsas, mezclando madera con acero para hacer un barco.
Cada vez que me subo a uno pienso en Arquímedes y deseo que no se haya equivocado y que de verdad todo cuerpo sumergido en un fluido experimenta un empuje vertical y hacia arriba igual al peso de fluido desalojado.

Es tan ciega mi fe en ese hombre, que esta mañana me subí a una de esas cosas super pesadas que flotan y me fui a Colonia. De haber podido elegir el cielo, lo hubiese preferido con sol…pero bueh…por lo menos no llovió.

Esta vez no hubo city tour…suerte que conseguimos un mapa y Sol se orientó…sino…todavía andaba buscando la calle Rivera.

No se podría pedir más de un día de descanso: tuve muy buena compañía, me divertí, mi mente disfrutó de la calma, dormí gran parte del viaje de regreso, conseguí taxi al toque a la vuelta y Argentina ganó 4 a 0.

Se confirmó que el problema de encendido de la tele NO es el control remoto. Lo dejé sin pilas en la cocina y a mi regreso el televisor estaba prendido…y ya me había despertado a eso de las 4.00. Las alternativas siguen siendo las mismas de siempre: 1) alguien tiene un control remoto universal o similar al mío y lo maneja a su antojo desde su casa, 2) lo compré en oferta…quizás tenía un “problemita”, 3) co-habito el departamento con un fantasma. Voy a volver a la vieja época en al que desenchufaba todo antes de irme a dormir.

María, cansada…el aire de río cansa…

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