Ni en vacaciones descanso de esos menesteres.

En la mañana de hoy, creo que he vencido uno MUY importante: Miedo a la fatiga de materiales.

Después del desayuno, partí hacia la base del cerro Otto, lugar de donde parten las aerosillas con destino a la confitería giratoria en la cima. Casi sin dudar diría que el alambre de acero por donde transitan es el mismo que me transportó en Agosto del ’83, fecha de mi recordado viaje de fin de curso. Y me subí igual…y no tuve miedo.

Y tampoco tuve el miedo típico que nos asalta cuando estamos a bordo de una aerosilla que se bambolea como un junco. Y no me asusté cuando entramos a la nube y no vi NADA a mi alrededor más que la nube…no se veía ni el cable.

Sin miedo, descendí, miré para abajo y no vi nada. Las nubes eran más densas que en superficie, así que volví a bajar sin haber cumplido el cometido…

María, esperando que las nubes se vayan para volver a subir…no tengo miedo a que el cable ese se corte…o que el suministro eléctrico se interrumpa y me quede colgada ahí no sé por cuanto tiempo…ni a que no funcione bien el mecanismo y se abra la puerta y me caiga…miedo a NADA!!!

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