Cuando digo que nunca jugué a nada…un poquito estoy mintiendo. En la época que mi edad se mostraba con los dedos de mis manos, supe ir a un parque de diversiones que llegó a Esquina: Richard Park.

Una de sus atracciones era la Lotería familiar. Cada uno se conseguía un cartón, un payaso cantaba los números y el primero que conseguía llenar de porotos su jugada, se llevaba un juego de platos. Sólo conseguí línea una vez…me gané un poster de Ceferino Namuncurá.

Sin saber mucho del juego, repetía en mente los números que me faltaban, como llamando a la suerte.

Luego dejé de frecuentar esos lugares…salvo honrosas excepciones.

Un camino cortado por la nieve, me dejó en un refugio: chocolate caliente y una peli hacían que el tiempo fuera más ameno. El film estaba empezado…no sé de qué se trataba…sólo se que transcurría en un casino de Las Vegas. Los 15 minutos que la vi, me sirvieron para darme cuenta lo sencillo que es ganar la plata fácil y se me ocurrió la brillante idea.

Anoche conocí el Casino de Bariloche. Lejos de los elementales cartones, todo el salón estaba poblado de máquinas bien llamadas “tragamonedas”:

Si esperaban ver esos aparatos con 3 cilindros y una palanca para hacerlos rodar…sigan esperando…no los van a ver.

Todo era virtual…5 columnas y 3 filas que cambiaban de figura cada vez que se presiona el botón. Las figuras en cuestión eran: 3 caramelos, un frasco de confites, un palito helado mordido, 2 cerezas, 1 frutilla, un vaso con 3 chupetines bolita, un chupetín redondo, 2 monedas con la leyenda “Win”, un cartelito de “Wild” y un muñeco de nieve.

El valor de la apuesta: 1 centavo. Introduje $10 y me quedé administrando mi pequeña fortuna.

Se podía apostar 1 línea…la central, o 5…central y otras cruzadas, 10, 15 ó 20.

Como buena principiante, empecé con 1 línea por vez…rogando que aparecieran 5 figuras iguales. Un par de intentos después, de pronto, ví que gané un par de créditos. Apareció una frutilla, 3 caramelos y algo más que no alcancé a ver. A caballo regalado no se le revisan los dientes, si dicen que gané…gané…pero nunca supe el motivo.

Ya animada, empecé a jugar 5 líneas a la vez. Miraba como bebé un móvil multicolor…nunca entendí qué tenía que salir para ganar. En un momento, 50 créditos cayeron…pero yo no veía figuras similares alineadas…pensé que el premio era por haber sacado todas diferentes. Pero no, al rato volví a sacar de cada pueblo un paisano y no gané nada.

Una hora después, iba como había empezado, a veces ganaba, a veces perdía, pero no podía pensar en la jugada indicada para ganar. Por ahí decía “frutilla, frutilla, frutilla”….salían…pero no ganaba nada. Después, una cereza, 3 caramelos, la confitera y algo más…luces…20 fichas.

Me aburrió mi propia ignorancia…aposté 20 líneas, 20 fichas cada jugada. GANÉ!!!! No había forma de irme. Seguí intentando apuestas locas. Perdí todo a los 46 segundos.

Ya había probado suerte en la ruleta…yo cómo única jugadora…19 jugadas al 17…no salió nunca. La última ficha la puse en el 0…salió el 00. Evidentemente no era mi día.

Diría que me fui silbando bajito…pero tengo los labios todos paspados y no puedo silbar.

Una porción de rabas con mucho limón a manera de cena y a la cucha…mañana me espera otra aventura.

María, apostadora

P/D. Olvidé decirles que lo que aposté era el presupuesto para regalos…lo siento…no hay nada…
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