Hay noches en las que no puedo dormir…otras en las que deseo no hacerlo.

La de anoche…fue “mixta”. A eso de la medianoche, la ingesta etílica empezó a hacer efecto en la persona de mi vecina y su novio.

Como siempre, empezaron con alegría…hasta que se empiezan a extraviar cosas. Cosas que me parece nunca tuvieron. Anoche fue un anillo. Era tal el afán por encontrarlo, que arrojaron al piso todo tipo de mueble pequeño. Desde mi cuarto se escuchaba el ruido a “golpe”.

Asomaba por el balcón, miraba el cielo y se preguntaba “por qué a mi, Dios?…por qué a mi?”. Callada repetía similares palabras en mi mente.

Al rato se volvió a asomar para gritar “Aleluya Dios, Aleluya”. Bien, por lo menos mejoró su relación con el Divino.

Cuando creí que ya se había terminado el show de la noche, la estufa/calefactor o lo que sea que les da calor, se transformó en el objeto de su ira. Se sentía ruido a chapa…como que le pegaban a algo. Luego un silencio y una exclamación/pregunta: HAY OLOR A GAS?!?!?!?!?!?!

Sin salir al balcón, elevé una plegaria al santísimo: QUE SE EQUIVOQUEN!!!!!!

Desde ese momento, el diálogo fue más breve…sólo intercambios cortos.

– Prendió?
– Qué cosa?
– La llama!!!!
– Ah, no sé, no veo…fijate vos.
– Parece que no…voy a abrir de nuevo…vos fijate si calienta.

Idas y vueltas…el artefacto a gas que no prendía…los intentos vanos.

Me empezó a agarrar el sueño, pero una idea ladina se instaló en la calma de la noche. “Y si hay un escape de gas?”…”Y si acercan la estufa a las cortina y se prende fuego la casa?”.

Llegué al comedor…imaginación frondosa la mía, ya lo sé…pero cierto olor a humo avalaba la hipótesis. Humo, fuego, cenizas…lo mismo. El cenicero había quedado sobre la mesada. Aproveché para ordenar un poco y desodorizar la casa para poder detectar instantáneamente cualquier escape de gas o incipiente fuego.

El sueño medio que se me había ido…y no quería que regrese…prefería la vigilia. Levanté un poco la persiana para asegurarme que vería las llamas si empezaban a bajar.

Una de las noches más frías del año, debo reconocer. Se congeló hasta mi materia gris.

Y si realmente se desataba el fuego…qué debía hacer? Recordé que una amiga pasó por una evacuación hace unos años. Hasta hoy es recordada en el barrio por la chica que salió a la calle descalza, con camisón cortito y transparente. Preparé una muda de ropa y la dejé al costado de la cama.

Volví a dormir con una pregunta recurrente: qué debería llevarme en caso de tener que salir de raje? Documentos, una campera, el celular, el ekeko, los anteojos, el morral…

Pensamiento raro…pero esclarecedor: no me aferré a nada de valor para salir. Entendí que lo único que debo preservar es a mí, y que todo lo que quiero siempre va a estar a salvo.

Las 2 (dos) horas que me quedaban hasta que sonara el despertador, las usé para el sueño profundo.

María, lo único que me voy a llevar de acá son esos buenos momentos…

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