Ortega y Gasset decía que “el hombre, es el hombre y sus circunstancias”. Aplica para cualquier género.

En mis épocas en Gerencia de Industrialización, el tema recurrente solían ser hilo, pespunte, pié de cuello, atraque, remaches y botones.

Hace más de 2 (dos) años trabajo en un universo mayoritariamente de hombres, hombres fanáticos del football, que dejan vacía la oficina los Martes y Jueves de 12.00 a 13.30.

Eran mis días más aburridos de la semana. Esperaba ansiosa verlos llegar. Normalmente, regresaban en silencio…peleados. Al rato empezaban los reproches. El arquero al delantero. El delantero al defensa. El defensa al contrario. Todos eran culpables del mal rato.

Cuando los ánimos empezaban a calmarse, arrancaban las narraciones de las jugadas. Escucharlos con los ojos cerrados hacía imaginar a Pelé, Maradona, Moreno, Pedernera, Labruna y Loustau. Describían jugadas dignas de cualquier enciclopedia.

Ésto, y el aburrimiento, hizo que los empezara a acompañar. Como público obvio. No eran malos…eran malísimos. Uno de ellos, avergonzado de verme, se acercó al tejido y me confesó: María, somos unos muertos.

Al regreso, la mayoría me preguntaba como había sido el partido. Como no tenía tiempo de sentarme con cada uno y relatarle el peor partido de mi vida, tomé la costumbre de mandar un e-mail comentando las anécdotas. Ojo, no es tarea fácil. Como se describe que Pablito se cayó “de ojo” en el medio de la cancha? Si, no se cayó de cúbito dorsal, ni de espalda, ni de rodillas…pegó con el ojo izquierdo en el piso. Otro cayó de pecho al mejor estilo palomita. A Fernando, el arquero, se le pasaban las pelotas entre las piernas como si su postura fuera la de un jinete y le hubiesen robado el caballo.

Mi escaso vocabulario footballístico no era suficiente para los relatos, así que apelé a mis recuerdos de la primaria y casi me diplomo en el tema “sinónimos”. No podía decir “Andrés” en cada jugada, a veces lo aludía como “el genio de Middleware”, “papaíto piernas largas”, “la saeta” o “el morocho del fondo”. El nombre de “Fernando” era reemplazado por “El terut”, “Largo”, “el cano de Parque Chás” o “El Flaco”. “Nestor” era “Coloccini”, “el de rulitos” o “el que juega en cueros”. No se si era ortodoxo, pero todos me entendían.

Creo que los que leyeron hasta acá entienden la idea, no? Reemplazaba el nombre o el adjetivo del jugador para no repetir, repetir y repetir.

No sé como se llamará este recurso en literatura…no es lo mío.

Hasta hoy, creía que alguien que escribía en un diario, debería tener este concepto, aunque sea “de oído”. Me di cuenta que no. Al parecer el negocio es otro: presumir. Si, presumir…aprendieron lo que quiere decir “blonda” y la usan en cada párrafo. Por otro lado, tampoco estaba mal decir “rubia” en una de las frases, no? Al fin y al cabo quiere decir lo mismo. O no lo sabían?

María, cansada, cansada, cansada…

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