Hace unos días leí una nota que hablaba sobre los “males” que provocan los trabajos.
Y casualmente ayer fue el día del trabajador. Ambos hechos me hicieron reflexionar.

Aparentemente trabajar enfermar. Como siempre, la vida con su infinita generosidad, me brinda a diario motivos para no caer en la “enfermedad” del trabajo. Que mi jefe no me lea, sino, me hace pagar a mí.

Cada mañana, con lluvia o con frío o con calor, pese al sueño, se que cuando llego a la oficina voy a seguir sintiéndome como “en casa”. Tengo a quien me despierta con mate o café con leche dependiendo de la cara que porto. Mientras prendo la máquina me entero de las novedades de la noche anterior…no de las noticias del mundo, simplemente las importantes: quien fue eliminado del reality para encontrar el nuevo super héroe, qué capítulo de South Park repitieron, qué canción le vino a la mente y la tararea o silba para que yo intente adivinarla.

Ya entrada la mañana aparece un personaje con la rara habilidad de ver seres mitológicos en quienes la mayoría ve como simples mortales.

Un flaco alto que vive en Parque Chás y se toma el subte, es el iniciador de la raza Teruts. Tienen un himno y escriben sus hazañas en forma de poemas. Luego vino el Terutito, que se fue y dejó lugar para la Terutita…que aún no vuela…pero creemos que le están saliendo las primeras plumas.

Al lado, un muchacho de Caballito y otro de Quilmes, dan vida a los Basiliscos…seres despreciados por algunos por ser tacaños y fanáticos de Boca e Independiente. Suelen amenazar el reinado del señor Meles, pero son puestos en su lugar con simples preguntas de cultura general. La ignorancia que no desean abandonar los hace marginados. Mientras el libro de cabecera sea “Los 100 años de Boca”, JAMÁS podrán entrar al reino de los superiores.

Comemos donde las Banshees. Muchachas entradas en años, con problemas para sumar lo consumido y emitir el ticket…pero con infinita paciencia, lo que hace que sigan siendo elegidas.

Entrando a lo telúrico, tenemos a Pancho Sierra y la Madre María. Personas de origen humilde y provinciano que con la sola mirada conocen el destino de los que pululan por las máquinas de café o golosinas.

También están los nefastos y farsantes. No vale que los defina…quienes trabajan en grandes grupos, seguramente los sabrán identificar.

Los rangos militares no faltan…hay un Coronel y un Cabo.

Una pared que permite volcar ideas geniales o trivialidades entretenidas nos parece más interesante que un mural de Miró. Sepan disculpar, estamos orgullosos de nuestra ignorancia y libertad con la que contamos para definir gustos.

Dejamos ir a la Dueña de la estancia y la solemos usar como mal ejemplo cada vez que se puede.

Recordamos las aventuras de la verdu…de cuando se metió al baño de hombres de Filo, o cuando queriendo pegar con La Gotita la corona de una muela se le quedó pegado el dedo y no había manera de sacárselo de la boca.

Coleccionistas de envoltorios de Palitos de la selva, aprendimos que las Tarántulas tiene 11 (once) ojos, que el elefante de la india tiene las orejas más pequeñas que el africano, que el ornitorrinco es el único mamífero que pone huevos, etc, etc, etc.

A ustedes les parece que con todo esto, alguien puede enfermarse por trabajar? No señor. Trabajar así es una continuación constante del disfrute que debe ser la vida.

Hagan la prueba…miren de reojo al compañero y adivine a qué raza pertenece. Lea un buen libro y cuénteselo por capítulos a su vecino de escritorio con la condición de que la tarea sea recíproca.

No le garantizo que no va a tener rojos los ojos por estornudar porque el aire no se renueva…pero le juro que va a tener los ojos rojos cuando mire a su compadre el Viernes en el momento de decirle: bueno Esqui, fue un placer trabajar con vos, ojalá encuentres tu otro lugar…acá quedó el tuyo.

María, cuesta despedirme de alguien que está más quemado que yo…y eso es mucho.
 

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