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Parece que la moda del presente es añorar el pasado. Si es así, creo estar a la moda. jejeje.

Como rezaba aquel lugar bailable “La nostalgia está de moda”…creo que sigue funcionando, no? Obviamente ahora debe ser un espectáculo de tangos para turistas.

Leyendo el diario me vine a enterar de la tendencia esa de no querer estar entre tanta gente y de disfrutar casi como en familia.

Recién llegados a la ciudad, allá por los 80’s, mis padres compraron nuestra primer vivienda. Obviamente, el precio iba acorde con el estado…había que refaccionar/remodelar/remendar.

Durante varios meses los albañiles, plomeros, gasistas y vendedores de detergentes frecuentaban la casa/obra en construcción. Todo vecino obtuvo la promesa de la invitación al primer asado. Y llegó nomás. Gran inauguración de la parrilla. El experto en calefones comprobó que la chimenea “tiraba” bien el humo y se lo llevaba hasta la terraza. Los estudiantes vendedores de detergente no necesitaron excusas, vinieron a matar el hambre. La pareja de vecinos con la hija a punto de casarse vino para que el novio conociera a los vecinos. No recuerdo el menú, pero creo que era asado, ensaladas y unas empanadas caseras elaboradas por un “amigo” mío de aquella época.

Aparentemente la pasaron todos tan bien, que el ritual se fue repitiendo Domingo tras Domingo. Los estudiantes dejaron de vender detergentes, se recibieron, pero siendo practicantes cobraban poco y el hambre era el mismo. La hija de la vecina se casó, tuvo 3 (tres) niños y seguían viniendo.

Una vez, en la oficina donde trabajaba, una secretaria de gerencia me escuchó hacer el comentario. Con la mirada perdida dijo “qué lindo debe ser, yo no tengo familia, todos quedaron en Escocia”. Y ese Domingo, quien preparó el vermout fue Evelina, que a partir de ese día, y hasta su jubilación, no faltó un sólo día…ni faltó la picadita y el tinto que ella misma llevaba.

Los chicos crecen, la nieta mayor de los vecinos tuvo una hija…que repite la historia. Tiene 14 (catorce) meses y unos “faroles” que podrían alumbrar la calle Corrientes, desde Callao hasta Talcahuano tranquilamente. Cada mañana viene a quedar al cuidado de sus abuelos. Cuando pasa por la puerta de la casa de mi madre, se “deja caer”. Junto con “el tropezón”, deja escapar unas lágrimas de cocodrilo, dice “mama” (sin acento…mamá es su madre…mama…la mía), intenta pararse agarrándose de la puerta de la casa de mi madre, sin querer, pega golpecitos y sigue gritando “mama, mama”. La levantan y sigue camino hasta la casa de su abuela, pero intermitentemente mira hacia la puerta a ver si viene “alguien”.

Luego de los mates que sirven de desayuno, con unos golpes suaves a la puerta, mi madre anuncia su visita. La pequeña en cuestión toma un manojo de llaves, va hacia la puerta diciendo “mama, mama”. Le abren la puerta a la vecina, pero la peque no la deja entrar. Le agarra la mano y se la lleva. Se sienta en el patio, en el lugar donde antes se armaba la mesa, busca un espacio en el canasto de los gatos, mira las plantas y espera compartir la comida de mi madre. Creo que no va a tener problemas de hipertensión…come todo sin sal como la “mama”. Y mucha agua, eh? Un cutis va a tener de grande…ninguna arruga…

Si hace calor se queda en cueros y se moja con la manguera que se usaba para apagar el fuego luego de haber terminado el asado. Y después, usando la misma cama que usara Evelina para descansar luego de la ingesta de tinto al sol, Malvina, tal es su nombre, se entrega a los brazos de morfeo hasta que los pañales necesiten recambio o mi madre deba salir. Se despierta, toman la leche y se retira llorando.

Salvando las distancias, creo que los rituales se repiten…y siempre se vuelve al pasado, con añoranzas o simplemente con deseos.

Entrar a la casa de mi madre hoy, es entrar a una especie de pedacito de otra época y otro mundo. Aquel jazmín regalo del día de la madre preside el jardín, las plantas de mezcladas variedades se entrelazan y dan sombra, la mesa en el patio donde apoyar el mate, la yerba y el termo. Unas sillas para que descansen los gatos, pelotitas para que jueguen los gatos, plumitas para que los gatos se sientan cazadores, piedras sanitarias para que los gatos se sientan libres de evacuar, un ovillito de lana para que los gatos quemen energía, unos platitos para que los gatos coman (cada plato lleva la inicial del dueño…pero los analfabetos se suelen confundir…Micky come del que tiene la “P” y Pulguita del de la “M”) y en el medio de todo eso, muñecas de Malvina. Y todo esto bajo la atenta mirada de Lucas, el cuidagatos.

Según la moda que describe el diario, la casa de mi madre podría ser tranquilamente uno de esos restaurantes exclusivos a los que se refiere la nota, aunque el servicio es más extenso. Incluye prestar el baño cuando los hermanos de al lado se pelean para ver quien entra primero, cura de empacho cuando salen y toman más de lo debido y arreglos sencillos de costura.

Eso sí, hay que avisar. Mi madre pone la mesa, cocina o pide a la rotisería el plato favorito del comensal, lo pone al día con la inquietante vida de la casa de “Gran Hermano”, le presta algún disco de Los Nocheros, pasa la receta para hacer chipás y pasta frola, cuenta las anécdotas de vacaciones y muestra fotos.

Ojo, no es para desperdiciar la oferta, eh?

María, habiendo anunciado la visita, hoy me toca la hora del té.
P/D. En línea directa con Toshy, el “amiguito” entrerriano de mi sobri, me acabo de enterar que la ciudad de Gualeguaychú se ha visto engalanada con la presencia estelar de las chicas eliminadas de Gran Hermano, bailando ambas en al comparsa Marí Marí. Pobre Sergio Denis… 😉

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PUEBLO BLANCO – Joan Manuel Serrat

Colgado de un barranco
duerme mi pueblo blanco,
bajo un cielo que a fuerza
de no ver nunca el mar,
se olvidó de llorar.

Por sus callejas de polvo y piedra
por no pasar, ni pasó la guerra,
sólo el olvido camina lento
bordeando la cañada,
donde no crece una flor
ni trashuma un pastor.

El sacristán ha visto
hacerse viejo al cura,
el cura ha visto al cabo
y el cabo al sacristán,
y mi pueblo después
vió morir a los tres,
y me pregunto: porqué nacerá gente
si nacer o morir es indiferente.

De la siega a la siembra
se vive en la taberna,
las comadres murmuran
su hitoria en el umbral,
de sus casas de cal.

Y las muchachas hacen bolillos
buscando, ocultas tras los visillos,
a ese hombre joven
que noche a noche forjaron en su mente,
fuerte para ser su señor
y tierno para el amor.

Ellas sueñan con él
y él con irse muy lejos,
de su pueblo y los viejos
sueñan morirse en paz,
y morir por morir
quiren morirse al sol,
la boca abierta al calor, como lagartos
medio ocultos tras un sombrero de esparto.

Escapad gente tierna
que esta tierra está enferma,
y no espereís mañana
lo que no te dió ayer,
que no hay nada que hacer.

Toma tu mula, tu hembra y tu arreo,
sigue el camino del pueblo hebreo
y busca otra luna,
tal vez mañana sonría la fortuna
Y si te toca llorar,
es mejor frente al mar.

Si yo pudiera unirme
a un vuelo de palomas,
y atrevasando lomas
dejar mi pueblo atrás,
júro por lo que fuí
que me iría de aquí,
pero los muertos están en cautiverio
y no nos dejan salir del cementerio

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