Vuelve Gran Hermano? Díganme que La Nación portergó el chiste por el día de los inocentes. Leí 2 (dos) veces la nota que comparto.

María, incrédula…
P/D. Pedido: si visito a alguien que lo está viendo, por favor, no contesten el portero eléctrico…prefiero volver a casa y ver Animal Planet.

La vuelta de la vida transparente (La Nación)

Lo primero que se pierde es la noción del tiempo. Los relojes quedan afuera. También los celulares y los adminículos para escuchar música o radio de cualquier generación que sea (desde Spikas hasta reproductores de MP3).

La sensación que se experimenta no es la misma que esa incomodidad que se siente cuando uno se separa momentáneamente -porque se le acabaron las pilas o se le rompió la malla, entre otras causas posibles- del acompañante que nos indica el paso de las horas continuamente desde la muñeca. En esos casos, generalmente, hay alguien cerca para preguntarle en qué momento exacto del día estamos. Adentro de la casa, no. Todos tienen que dejar los mismos objetos antes de entrar en ella.

Uno puede darse cuenta de si es de día o de noche saliendo al jardín y mirando al cielo. Pero resulta imposible determinar con precisión cuántos instantes separan al primero de la segunda. Entonces aparece la ansiedad por oír esa voz, único contacto con el mundo exterior, que parece ser el mecanismo capaz de armar una rutina que aleje el hastío. Casi sin darse cuenta, uno empieza a obedecer sin chistar su voluntad. El vocero de Gran Hermano acaba por cobrar finalmente su entidad de patrón absoluto del juego, que, por supuesto, empieza mucho antes de que uno se dé cuenta.

Más difícil de lo que parece

Si las especulaciones tácticas de los que programan nuestra televisión actual lo permiten, mañana, a las 22, por Telefé, empezará Gran Hermano 2007 . Una semana antes de su estreno, periodistas de varios medios, entre los que se contó LA NACION, fueron invitados a conocer la casa en la que vivirán los 18 participantes de esta edición del reality. La propuesta era pasar un poco más de 24 horas viviendo casi en las mismas condiciones en las que lo harán, entre un par de semanas y cerca de cien días -de acuerdo con el tiempo en que tarden en ser eliminados-, los elegidos para esta nueva vuelta a la pantalla chica de nuestro país del entretenimiento creado por el holandés John de Mol. El premio por ser el último que abandone la casa es 100.000 pesos. Un desafío que el simulacro de 24 horas del que participó este cronista demostró que es un poco más difícil de lo que parece desde el otro lado de la pantalla.

En sólo unas horas, la pérdida de la noción del tiempo referida se vuelve perceptiblemente molesta. El aislamiento y el hecho de que el único contacto con el exterior sea el de una voz que contesta cuando le parece genera en poco tiempo cierta sensación de opresión de la que uno anhela liberarse lo más rápidamente posible.

Si bien en un día de convivencia en un mismo ambiente es poco probable que se pongan de manifiesto diferencias irreconciliables, los roces que se generan con el uso del único baño, la preparación de la comida o el lavado de la vajilla alcanza para tener un indicio de que el contacto doméstico diario con extraños puede tener un final salvaje. Y, por supuesto, a todo esto hay que sumarle que los participantes no van a una reunión entre colegas, sino a una competencia en la que el objetivo es eliminar al resto y que el cumplimiento de esa meta depende mucho de cuestiones como la inteligencia con la que diseñen la estrategia con la que se moverán durante el juego o la simpatía que puedan despertar en el público.

Sin duda, es una tarea que no es para cualquiera: ser observado por 35 cámaras que escrutan cada rincón del lugar y ser escuchado por 60 micrófonos ambientales y uno corbatero que hay que llevar en todo momento con uno no es el desafío mayor.

Pero, como también es de esperar, no todo será un infierno para los que habiten la casa. Lo harán en un nuevo complejo, mucho más grande que los anteriores, con un parque de 300 metros cuadrados en el que hay una piscina de nueve metros de largo por cuatro de ancho.

La casa está ubicada en el mismo lugar que se utilizó para hospedar a los participantes de Operación Triunfo , pero fue ampliada y se le agregaron mayores comodidades. El living, el comedor, la cocina y un lugar para jugar al pool están integrados en un mismo ambiente como si fuera un gran loft. En el comedor hay una enorme mesa de madera laqueada de color negro, rodeada por 18 silloncitos de níquel y cuerina. Enfrente, se ubica la mesa de pool y, a un costado, la cocina con una mesada y hornallas centrales, una heladera de última generación y alacenas en las que pueden encontrarse casi todos los utensilios necesarios para cocinar casi cualquier comida.

La casa, más grande y cómoda

Frente a la cocina se encuentra el living, con grandes sillones cuadrados tapizados en cuerina blanca y con almohadones haciendo juego, una gran mesa ratona laqueada blanca, en la que está ubicado el televisor con pantalla de plasma desde el cual los participantes seguirán las eliminaciones semanales del juego.

Cerca se encuentra un gimnasio, o salón de usos múltiples, con bicicletas fijas, una cinta para correr y aparatos para hacer ejercicios con peso. Algunas noches, este lugar se convertirá en una disco: los sábados, los participantes tendrán una fiesta y hasta podrán prepararse sus propios tragos.

Los dos dormitorios se encuentran en el fondo de la casa. Identificados con el color rosa para las mujeres y con el verde para los varones, ambos cuartos tienen nueve sommiers cada uno. En este ambiente es el único lugar en el que se puede apagar la luz, pero las cámaras infrarrojas instaladas graban en la oscuridad para no perder detalle de lo que puede ocurrir allí. Una regla que ya no escandaliza.
El reality en cifras

20 años: es la edad de los tres participantes más jóvenes. Ellos son Sebastián Pollastro y Jonathan Dieguez, de Buenos Aires, y Gabriel Maximiliano Lagos, de Mendoza.

28 años: tienen los más veteranos del grupo. También son tres: Diego Osvaldo Leonardi, de Buenos Aires; Agustín Belforte, de Rosario, y Juan Expósito, de Córdoba.

200 personas: trabajan en el equipo técnico y de producción que mantendrá en funcionamiento la estructura técnica y artística del programa las 24 horas, que funciona en tres turnos diarios de trabajo.

2 controles: seguirán el desarrollo de lo que pase en los distintos ambientes de la casa.

3 islas de edición: trabajarán continuamente con el material digitalizado que reciben de la grabación, para armar los resúmenes diarios.

100 días: deberá permanecer en la casa quien sea declarado ganador de Gran Hermano.

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