Ayer, primer día de esta primer semana del año, me levanté más temprano que lo habitual. Había tanto para hacer en la casa que preferí irme a trabajar. Cerré la puerta. Llamé al ascensor. Nada. No se dónde estaba, pero de responder a mi llamado ni hablar. Bajé por la escalera. Cuando estaba en el primer piso lo escuché marchar. En la planta baja vi que Carolina, una vecina del 6to. piso, salía de él. Me detuve a saludarla por el año nuevo y, de paso, pregunté por su madre. Nos despedimos. Salí a la calle, paré un taxi y me fui.

Esta mañana me quedé dormida…bueno…en realidad me desperté, di vueltas en la cama y cuando me di cuenta era tarde. Me duché en tiempo récord, salí, cerré la puerta y llamé al ascensor. Insistí un par de veces. Nada. Volví a mascullar algo así como “otra vez alguien dejó la puerta abierta…no puede ser…todos los días lo mismo”…y bajé por la escalera. Cuando estaba en el primer piso lo escuché arrancar. En la planta baja me volví para ver quien bajaba. Carolina nuevamente. La saludé, le pregunté por su madre. Nos despedimos en la puerta. Salí con la sensación de estar viviendo lo mismo. Esperé unos segundos. Paré un taxi y me fui.

Subí al vehículo. Saludé. Sin tiempo a indicar mi destino, el señor me dijo “Alem y Rojas?…te llevé ayer”. Sin salir de mi asombro asentí. Mismo recorrido.

Posiblemente no signifique mucho para otros, pero para mí sí. Esperé con ansias que llegara mi amigo Cacho…el único que me entendería en estos casos. Mientras se lo contaba todavía asombrada, empecé a sentir que algo me quemaba cerca de la rodilla izquierda…a la altura de un bolsillo de mi pantalón cargo. El calor era cada vez más intenso…tuve que meter la mano y sacar unas monedas que hervían. Las dejé en el escritorio para que Cacho sea mi testigo: estaban calientes de verdad. Parecían haber sido expuestas al fuego. Quemaban. El bolsillo quedó con alta temperatura durante un buen rato. Luego las monedas fueron recuperando su temple natural.

Quizás fue casualidad por un lado y algo raro en la aleación de las monedas…no lo sé…pero les aseguro que de “normal” el día no tuvo nada. No se si decir “nerviosa”…pero algo me pasó durante todo el día.

Por suerte conseguí un rato de calma cuando me prendí a “El conquistador”, último libro de Federico Andahazi que me tiene atrapada.

Comenté a algunas personas estos hechos. Conseguí todo tipo de respuestas. Les comento algunas:

– En una ciudad como ésta, es re-común tomarse el mismo taxi…y lo de las monedas es por la fricción…capaz se rozaron y pasó eso…
– Y si nos vamos a la rambla de Mar del Plata? Vos calentás las monedas y yo doy testimonio…
– Usalo para asustar…agarrale la botella de agua…le tocás la base y que se asuste cuando la sienta tibia…
– Estás “cargada” y “cagada”…
– Para mí, deberías “liberar tensiones” más seguido…

Ya estoy en casa…la misma casa que ayer…a punto de calentar lo que sobró de ayer…pero ésto es algo natural.

Prendí la tele. Otra vez Zoolander en I-SAT!!!! La señora del piso de arriba volvió a abusar el tinto y está lanzando improperios por el balcón.

María, tratando de evitar repeticiones…

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