Pese a mi reconocido temor, debo comparar nuestra comida de anoche con la de un festejo gitano. Había comida como para toda una familia Miguel. (Dicen que son numerosísimos). No querría recordar la variedad para no tentar a mi estómago a revolverse.

Unos minutos antes de le medianoche fuimos a la puerta a esperar a Papá Noel y a sus Renos. Otra vez nos sorprendió y apareció por el fondo. Este año teníamos un nuevo peque: Dylan…amante de los autos. Recibió camiones, coches de todo tipo…pero saben cual fue su obsequio favorito? Un pianito que “la tía” puso en la lista de pedidos. Fue objeto de burlas, es verdad, pero bueno, parece que el pequeño prefirió el pianito.

Y hablando del integrante más pequeño de la familia, nació un romance. Conoció a mi madre…fue a primera vista. Se miraron y ya no se separaron. Estaban sentados en extremos opuestos de la mesa. Pues el niño se bajaba de la silla, se paraba al lado de mi madre, la tocaba con el codo, se ponía de espaldas, levantaba apenas los brazos como para indicarle el lugar por donde lo debía tomar y esperaba ser levantado. No se cuantas veces lo trajeron a su lugar. Misma cantidad de veces en que él se volvió a ir. Viniendo del niño que no se queda con nadie, que no se deja ni tocar por extraños, la relación que ayer empezó nos pareció interesante. Tocaron juntos el piano y jugaron competencia de camiones.

Ya de madrugada llegó el momento de la despedida. Todos ligamos tímidos besos en la mejilla…menos mi madre: carrera a sus brazos, abrazo y beso. Luego, saludo con las manitos.

No es que tenga prejuicios, pero la diferencia de años es grande. En fin, vamos a ver como sigue la historia. El 13 de Enero cumple su primer año…habrá muchos invitados…seguirá manteniendo su preferencia?

María, disfrutando de lo que le trajo Papá Noel…aunque no lo crean…era lo que había pedido…y no necesité decírselo a nadie…lo adivinó de puro talento…

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