Mi ahijada Tutu no ha tenido la buena suerte de contar con una madrina conocedora de los grandes clásicos de la literatura infantil. Muchas veces confundo a Alicia y su país maravilloso con la Blancanieves y sus enanos. Salvo Caperucita y Cenicienta, de las que más o menos le conozco la historia, del resto…nada.

Pero eso no es excusa. Cuando el niño es niño necesita fantasía, necesita cuentos para dormir la siesta, necesita una tía que le cuente algo. Y ahí estaba yo, contándole a diario los cuentos sufíes que recordaba. Ella logró tener un favorito, y cada tanto me pide que se lo repita. Hoy lo compartimos, está bien Tutu?

Un comerciante poseía un loro lleno de cualidades. Un día decidió viajar a la India y preguntó a todos qué regalo querían que les trajese del viaje. Cuando hizo esta pregunta al loro, éste respondió:

“En la India hay muchos loros. Ve a verlos por mí. Descríbeles mi situación, esta jaula. Diles: “Mi loro piensa en vosotros, lleno de nostalgia. Os saluda. ¿Es justo que él esté prisionero mientras que vosotros voláis en este jardín de rosas? Os pide que penséis en él cuando revoloteáis, alegres, entre las flores”.”

Al llegar a la India, el comerciante fue a un lugar en el que había loros. Pero, cuando les transmitía los saludos de su propio loro, uno de los pájaros cayó a tierra, sin vida. El comerciante quedó muy asombrado y se dijo:

“Esto es muy extraño. He causado la muerte de un loro. No habría debido transmitir este mensaje.”

Después, cuando hubo terminado sus compras, volvió a su casa, con el corazón lleno de alegría. Distribuyó los regalos prometidos a sus servidores y a sus mujeres. El loro le pidió:

“Cuéntame lo que has visto para que yo también me alegre.”

A estas palabras, el comerciante se puso a lamentarse y a expresar su pena.

“Dime lo que ha pasado, insistió el ave. ¿Cuál es la causa de tu pesar?”
El comerciante respondió:

“Cuando transmití tus palabras a tus amigos, uno de ellos cayó al suelo, sin vida. Por eso estoy triste.”

En aquel instante, el loro del comerciante cayó inanimado, también él, en su jaula. El comerciante, lleno de tristeza, exclamó:

“¡Oh, loro mío de suave lenguaje! ¡Oh, amigo mío! ¿Qué ha sucedido? Eras un ave tal que ni Salomón había conocido nunca una semejante. ¡He perdido mi tesoro!”

Tras un largo llanto, el comerciante abrió la jaula y lanzó al loro por la ventana. Inmediatamente, éste salió volando y fue a posarse en la rama de un árbol. El comerciante, aún más asombrado, le dijo:

“¡Explícame lo que pasa!”

El loro respondió:

“Ese loro que viste en la India me ha explicado el medio de salir de la prisión. Con su ejemplo me ha dado un consejo. Ha querido decirme: “Hazte, pues, el muerto”

Casi al mismo tiempo, mientras pedía “otra vez”, repetíamos juntas la moraleja…o lo que nosotras creemos que es la moraleja: a veces, hasta sin querer, repitiendo algo simplemente, se puede lograr dar algo valioso.

Por si te quedó alguna duda, siempre me das algo valioso…concientemente o no.

María, descansando…3 días!!!!!

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