Mi codicia y la de Cacho nos llevaron al mediodía a retirar nuestros sendos regalos de cumpleaños. Después de una espera en el pasillo, al fin nos dieron una hermosa cajita de madera con 10 (diez) chocolates miniatura con el logo de la empresa. No somos de despreciar nada…mucho menos un regalo…por lo que no hicimos ningún comentario y nos fuimos.

El primer ascensor que vino fue el que normalmente se usa para las mudanzas…es de esos que están todos cubiertos por dentro por una especie de lona plástica (en el campo le diríamos hule). Estábamos en el 9no. piso, con ganas de bajar e irnos. Íbamos con otros 5 (cinco) extraños cuando de pronto una frenada seca llamó nuestra atención. Nos miramos. El silencio provocado nos permitió escuchar “el ascensor está fuera de servicio, por favor, informar la emergencia por el intercomunicador…”. Y ahí nomás, ni lerdos ni con pereza, el que estaba más cerca presionó el botón y dijo “Nos quedamos atrapados en el 11!!!”…”y tenemos miedo” dije yo para mis adentros. La voz de “el ascensor está fuera…” seguía repitiendo las instrucciones. Como para tranquilizarnos, mi amigo sugirió hacer silencio y escuchar toda la frase.
“el ascensor está fuera de servicio, por favor, informar la emergencia por el intercomunicador…por favor espere”. Vaya la diferencia!!! Ahora que escuchamos la frase completa era otra cosa.

Los nervios individuales provocaron una catarata de chistes sin gracia respecto de la situación. Yo recordé la escena de Sweet Charity. Sólo esperaba que ninguna prendiera un fósforo. Una de las chicas traía un pollo con papas…menudo olorcito despedía. Otra le daba a las teclas del celular como quien escribe su última voluntad. Para mi, vió la peli de las Torres Gemelas y quería mandar su último mensaje. Los minutos pasaban. Sentí la obligación de dar cierta información “soy claustrofóbica…pero estoy en tratamiento”. Nadie dijo nada. Los chistes siguieron. Perdí la noción del tiempo hasta que alguien golpeó la puerta como haciéndonos saber de su presencia. Si quería llevarnos tranquilidad…lo siento…le falló el delivery.

Honestamente, yo esperaba ver una barreta haciendo palanca. En su reemplazo vi unos dedos cortos que hacían su mejor esfuerzo para lograr separar esas 2 (dos) hojas de acero inoxidable que nos hacían sentir prisioneros. A menos que tuviera una deformidad, por la cantidad de dedos calculamos 2 (dos) personas…se veían una docena. El ahínco que le ponían nos daba la sensación de estar abriéndolo “a uña” le diría. Desde adentro, un compañero intentó hacer lo mismo.

Mucha película de mi parte…temía que el elevador arrancara de pronto y dejara a un par en muñones.

Cuando se hubo abierto una hendida de poco más de 1/2 pulgada, Alberto asomó un ojo y, para mi tranquilidad, muy serio dijo “afuera hay una mujer que mira el ascensor y se persigna”. A esta hora se que fue un chiste, pero en ese momento no le entendí la gracia.

Y el forcejeo seguía…hasta que hizo lugar para pasar una llave y abrir una puertita de emergencia donde había un par de palanquitas. Aparentemente la solución estaba en hacer “click” en la que decía “abrir”. Click. Y seguíamos igual. Click otra vez. Sin cambios. Alberto se vuelve a asomar. Me dice “la señora de afuera se cubre la cara y dice pobre gente”. Ya a esa altura me empezó a dar risa todo…menos el pollo con papas que seguía con ese aroma a ajo que desmayaba.

De pronto los dedos hicieron más fuerza y entró una mano entera…y seguían haciendo fuerza…y después vimos el codo…y por fin lograron que se abriera. Una sonrisa sin dientes nos indicó “pueden bajar…están en el piso 11…esto es Monsanto”.´

No encontramos las escaleras. Tuvimos que hacer trasbordo a OTRO ascensor que de entrada dijo “emergencia…”…pero fue antes de subir. La tercera es la vencida…encontramos otro y fuimos directo hasta la planta baja. Qué calor!!!!

Pude comprobar que los $35 semanales en terapia son una buene inversión. No les digo que lo disfruté porque mentiría, pero pude pasar un rato sintiendo que me quedaba sin aire, que me iba a morir lentamente y no le dije a nadie. Me guardé todo para mi sola. Si ese es el primer paso para curar la claustrofobia…lo estoy logrando.

Bajé con un dolor de nuca como pocas veces. Se me empezó a ir hace un cuarto de hora.

María, subiendo por escalera