Qué loca la manera de almacenar datos en la memoria, no? Hoy me di cuenta que tenía algo guardado en el ropero, y cuando encontré la llave salió todo. La llave es una especie de código: Tory.

El calendario retrocedió al 2002…una época inolvidable como pocas. Creo que nunca me reí tanto como en esos días. Me divertí como para el resto del campeonato. Se me vienen todos los recuerdos como a borbotones. No se por donde empezar…

Santiago de Chile. Florencia (Tory a partir de ahora) y yo pasando un frío invierno…con ganas de divertirnos.

No queríamos seguir las instrucciones del general: de la casa al trabajo y del trabajo a la casa. Encontramos unos lugares pintorescos en la calle Suecia. Salíamos de la oficina, hacíamos guardia al costado del molinete del metro hasta que se hicieran las 19.40, horario en que el boleto salía unos centavos menos, y nos dirigíamos a este bar llamado Río Vino. Llegamos buscando un lugar donde comer chinchulines. Ahí nos dimos cuenta que nadie nos entendía…en Chile se llaman chunchules. (Para que nos entendieran le dijimos que queríamos comer el intestino delgado de la vaca…como sabíamos anatomía, no? juajuajua).
Nos acomodamos en un rincón. Fuimos atendidas por una debutante en el oficio de mesera: Araceli. Argentina con escasos reflejos. Traía la comida y los cubiertos a destiempo. Y los retiraba de la misma manera. Preguntaba “comieron bien?”…y nunca retiraba los platos!!!!!! Una fenómena.

Pero lo que nos terminó de convencer de quedarnos fue Miguel…el cantante que aparece en la foto de más abajo. Un personaje. En su repertorio tenía a Sandro, Leonardo Favio, Carlos Mata, Roque Narvaja y Diego Torres. Le conocimos un carácter medio fuerte. Un día, siendo 4 (cuatro) personas en el público, nos pidió hacer la ola. El caradura pidió que la repitieramos porque Tory la hizo a destiempo. Te acordás??

Entrada la noche, cuando rugía Carlos Mata en su voz, una chica de la otra mesa nos hizo señas como quien prende un encendedor. Al toque Tory buscó uno en la cartera, lo prendió y lo movía de un lado a otro como en los recitales cuando pasan un lento. La mina, muy seria, le dice “no, no, no era para eso, dame fuego para prender el pucho”. Y nosotras quedamos frustradas, con las ganas de hacer el símbolo de la paz.

No recuerdo otra época donde nos hayan dedicado tantas canciones: tangos, boleros, temas melódicos, etc, etc, etc.

Nos veían llegar y ya sabían donde ubicarnos. Como buenas friolentas, dejaban a nuestro lado una ENORME estufa a gas para que no nos quedemos azules.

Luego de semejante show diario, emprendíamos contra los buses…encarábamos al chofer y le pedíamos viajar por menos del valor reglamentario. Nuestro record fue haber viajado con un boleto escolar. (Casualmente, como colecciono TODO, tengo uno de esos boletos).

Tory, la verdad, un alegrón saber que andás cerca. Me gustó recordar todo esto, me acuerdo de las tentaciones cuando veíamos las fotos en Parque Arauco, tu pijama turquesa asomando por la ventana en la madrugada que Argentina hizo el único gol del Mundial 2002, tu amiga que se apunaba y “toraba”, la competencia de búsqueda de monedas, Seimita y sus recomendaciones, el viaje a Valle Nevado con botas de lluvia compradas en Bata, el camino al volcán, cuando te quedaste enterrada en la nieve y yo no te sacaba porque tenía las manos ocupadas con un pedazo de pan casero, mi constante peinado estilo “pájaro loco”, Viña del Mar, Reñaca, el Cerro Santa Lucía, el chofer del micro, las fotos que nos tomábamos hablando con la gente para no sentirnos tan solas, el “paseo” en ese carrito tirado por la bicicleta, las historias de la Negra y el fitito camino al aeropuerto, las maniobras de distracción para que Miguel, el portero, no se diera cuenta que volvíamos a cualquier hora, el café en aquel “bar de piernas”, Juanito dejando el ascensor entre pisos para dormir la siesta, cuando el suelo temblaba, los menúes económicos de Mc Donald para ahorrar, la planilla y el arqueo de caja diario, cuando nos tomamos el metro para el otro lado y nos dimos cuenta MUY tarde, las fotos con carabineros, las visitas a los patios de las embajadas, la grasa de las empanadas de Tarragona y tantos otros recuerdos. Qué buena época…ojalá tus recuerdos sean tan buenos como los míos.

Me agarró la nostalgia…Tory = compañera de aventuras.

María, tentada como en aquellas épocas…te acordás del maquillaje de la Negra? Asustaba a cualquiera, eh?

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