Este año, el regalo que le hice a mi madre, fue algo diferente: dejé electrodomésticos, música, perfumes y ropa para otra oportunidad. Le compré una planta ENORME de una variedad de jazmín del tipo trepador o enredadora. Muchos nombres le han dado…de ahora en más se llamará “el jazmín de mi madre”.

No es que no tenga el tiempo, pero no quería que tuviera que esperar mucho para verlo crecido. Para que se den una idea…lo tuvo que traer un camión a la casa. Más de 2 (dos) metros de alto…3 (tres) tacuaras como para iniciar la enredadera con un montón de guías alrededor.

La planta pasó a ser el centro de atención. Invitó a su vecina para que la acompañe a verla crecer.

El Martes me llamó su amiga Ema para decirme que anda bien, me dió las gracias por la invitación que le dejé para que vayan a tomar un té y, además, me dijo que la planta era hermosa.

Mi hermana que vive en el interior, me llamó para ver como estaba y, de paso, decirme que mi madre está chocha con su planta.

Lucas, el cuidagatos, quiere saber donde la conseguí…quiere llevarle una parecida a la mamá…dice que nunca vió nada igual.

El Lunes, feriado, pretendía dormir. Recibí una llamada a las 10.00 am para informarme que la planta se está aclimatando en el patio, que parece no ser necesario contratar los trabajos de un jardinero (¿?).

Ya casi pasó una semana…pero el tema recurrente sigue siendo el jazmín. Pese a algunas diferencias, me siento totalmento identificado con el niño del video.

María, un poco celosa…

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