Se podría definir como susto lo que me dió hace unos días cuando, en un programa de TV, entrevistaron a un grupo de jóvenes escogidos al azar, con el objetivo de ahondar más en los motivos por los cuales desaprueban los exámenes de ingreso a las universidades.

Ante preguntas que tienen que ver con la prensa del corazón, todos contestaban bien. Nadie ignoraba la relación entre Brad Pitt y Angelina Jolie.

No pretendo que conozcan vida y obra de todo latinoamericano, pero, aunque sea lo básico se debería saber.

Preguntaron quien era Che Guevara. (No pidieron juicio de valor, ni opinión, ni nada parecido, sólo hechos…”quien era”). Una chica, entre risas, con bastante seguridad, dijo “Un dictador”. Y…si…quizás alguien que sigue los dictados de su conciencia sea un dictador, pero juro que esa señorita no pensó en eso. Me preocupé que esa joven forme parte de una sociedad que pretende defender la democracia mediante la participación.

Por un minuto, se me ocurrió pensar que quizás mi Tutu, la pequeña de la familia, con sus 12 añitos, pudiera incurrir en una atrocidad semejante.

Comentamos el tema…qué alivio…no sólo que sabe quien es Che Guevara y está segura de que no era un dictador…sino que…además…sabe que en el edificio donde viven actualmente, otrora, vivía una tía del argentino…cubano de corazón. Me comentó que, cuando Ernesto venía de visita a Buenos Aires, paraba en esa casa. O sea, mientras nosotras tomábamos mates hablando de la novela, quizás nos rodeaba algún resto de esa entrañable transparencia, de su querida presencia…Comandante Che Guevara. Qué momento!!!!

Quise tomarle una foto a la placa que ilustra el hecho, pero la falta de baterías para la cámara lo impidió.

María…quemando la brisa con soles de primavera, para plantar la bandera con la luz de tu sonrisa…

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