Después de 3 (tres) días poblados de estornudos, después de dormir entre ducha y ducha por 2 (dos) noches, después de haber gastado 15 (quince) paquetes de pañuelos descartables, después de haberme dado cuenta que lo que estaba tomando no me hacía nada…volví a la guardia médica.

Llegué con lágrimas en los ojos…no de la emoción…sólo por “esto” que me acompaña hace unos días y sencillamente se define como “alergia”. Pequeño detalle, sólo estornudo en lugares cerrados: mi casa, la oficina, la casa de mi hermana, los autos, el consultorio médico, la sala de espera. En la calle ando muy bien.

Medio que me arrepentí cuando llegué a la sala de espera. Había un señor en una silla de ruedas, uno que se había sacado un brazo jugando a la pelota, un pibe con una infección en una uña que no podía caminar, un pálido (no se si esa era la enfermedad o simplemente rasgo genético), una embarazada y otro señor que se quedó dormido. Comparados con todos ellos, lo mío era nada. Pero había llegado hasta ahí y la estaba pasando mal, lo pensé y me quedé.

Se fueron atendiendo todos mis compañeros circunstanciales de espera hasta que llegó mi turno. (Entraba yo y salía una chica con una ecografía en la mano). El médico, muy gauchito, me recibió con una sonrisa mientras me preguntaba “cómo estás?”. Con tono entusiaste le contesté “Bien, vos?”. “Bien también” – contestó.

Me senté en la camilla, dejé mis cosas en la silla mientras el facultativo completaba la ficha de rigor. Con la misma sonrisita me preguntó “qué te anda pasando?”. Casi le contesto la palabra de moda: nada. Pero lo pensé, o más o menos lo pensé, y le dije “me duele mucho la espalda y acá”, señalándole el lado derecho, debajo del pulmón, como a la altura del hígado. Se acercó mientras me preguntaba desde cuando me dolía. Con la poca vergüenza que me quedaba le dije “y…desde que empecé a estornudar casi continuamente, hace 3 (días) más o menos”. Tanto? – dijo. Si, desde el Lunes estoy así.

Se relajó en su silla, me ofreció un caramelo y me dijo “no sos la única. Mucha gente viene por este tema en los últimos días…parece que el ambiente nos está arruinando”. De sentirme avergonzada por sentir que no era algo grave lo que tenía, pasé a saberme como “una más del montón”. Tanto le costaba hacerme sentir especial?

Se señaló su nariz y me preguntó tímidamente? – “Tenés?”. Y…nariz tengo…pero intuí que quería preguntarme algo más y no se animaba a decir “mocos”. Puse cara de no entender. Cambió la pregunta: secreciones tenés? Y de qué manera tenía!!!! Por suerte se corrió justo a tiempo y me dió tiempo de sacar el pañuelo del bolsillo…sino…dejaba el tendal. Ah, veo, veo, y también lágrimas, no? A menos que me esté acordando de alguna escena de la novela de anoche, evidentemente, todo esto, más la nariz roja de payaso instalada en mi cara, no respondían a otra cosa que a una severa reacción alérgica. Alergia a algo que desconozco.

Me dió un chupetín. Me terminó de desorientar. Un chupetín como premio? Mientras pelaba el suyo me dijo que lo hace para engañar el estómago, que hay muchos enfermos y no tiene tiempo de cortar para comer, que no paran de llegar y que recién a la medianoche puede comer. De paso, me preguntó si había mucha gente esperando. Le dije que si, y que el ritmo era vertiginoso…con cada estornudo aparecía 1 (uno)…y a 2 (dos) estornudos el minuto…en el tiempo que estuve ahí, cayeron como una docena.

Llamó a una enfermera, le indicó lo que me tenía que hacer y me despachó con un beso. Fui a una salita más pequeña, me pusieron una especie de mascarilla por la que salía algo con olor a menta. Respiré un par de veces, me dieron una pastillita y se deshicieron de mi. En el camino, las florerías con ramos de nardos en ofertas de $2 volvieron a complicarme la existencia…por suerte sólo había 3 (tres) puestos y el último lo esquivé cruzándome de vereda.

No se cuanto tarda en hacer efecto…yo sigo dándole a los “atchús” como si nada. Me sigue doliendo todo y el mal humor va en aumento. Encima, mientras esperaba, en el noticieron pasaron la llegada de Arjona al Aeropuerto. Piensa hacer 30 (treinta) conciertos a 8 mil personas cada uno. Qué país generoso…

María, cansada de limpiar el monitor…está todo salpicado…puaj…
P/D. No fui al recital porque pensé que Silvina Garré podría desconcentrarse…

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