Daba por descontado que el tema recurrente del día sería el recuerdo del atentado a las Torres Gemelas en el 2001. Distintos enfoques, pero todos giran alrededor de lo mismo. Me esperaba las cásicas: relatos de sobrevivientes, familiares de muertos, gente que tenía que estar ahí y el destino impidió que llegara, en fin, lo de todos los años.

Hubo algo que me sorprendió…algo que no esperaba…algo que creí que sólo pasaba en los estantes de mi casa: un negocio no retiró de sus escaparates el polvo dejado por el ataque. Soy de las personas que le gusta guardar algo a manera de recuerdo, pero me pareció que guardar polvo de la explosión era demasiado…evidentemente cada vez hay más cosas que no entiendo…

En la radio testimonios de gente que llamaba y decía qué estaba haciendo en ese momento, como se enteró y qué sintió. Y no digo gente que estaba en N.Y. Llamaba gente de Villa Pueyrredón, gente que estaba de vacaciones en el Caribe, hijos de vecinos que sintieron miedo. Otra vez me encuentro en la categoría “persona que no entiende, pero tampoco pretende entender”. Sin ofender, me pareció una especie de anécdota del multitudinario recital de los Stones en Río: todos quieren decir que estuvieron presentes, o cerca, o que un primo fue, o que lo vieron en la tele, no se, como si te hiciera diferente estar cerca. Yo estaba trabajando. Me enteré y no entendí nada. Trabajaba en un shopping, así que debido a la psicosis de tener un Mc Donald cerca, nos mandaron a nuestras casas…a ver todo por la tele, obvio…

No voy a caer en el lugar común de pedir por la paz. Eso ya lo hice en el Jardín Japonés. Preferí empezar por lograr un poquito de paz interior…un poco de calma en esta ciudad que chilla y chilla. Basta de testimonios de gente que sólo quiere aparecer.

Como para despabilarme un poco, busqué ir de alguna manera a uno de mis lugares favoritos. Pensé, pensé. Me vino a la mente Casablanca,y me dieron ganas de ir al ya famoso Bar de Rick. No el verdadero sino el que está recreado en Buenos Aires, por avenida Santa Fé. Está bueno…algo diferente para un día bastante predecible. Tomé un té verde. Seguro eso no se servía en el legendario, pero era la oferta del día. El presupuesto no da para viajar a Africa ni para pedir algo de la carta, sólo la oferta, que por cierto era bastante cara…pero valió la pena…

Y como para cerrar un día internacional…comida Tai. Qué raro es todo eso. No sé pronunciar el nombre de ningún plato, ni se en qué consiste, pero me gustó. Una mezcla de saborcillos bastante agradables. Buen ambiente. Un rato que evidentemente sentí que vivía en otro mundo. LO LOGRÉ!!!!! Sin Torres Gemelas por un buen rato!!!!

María, en Buenos Aires, sintiendo un poquito de los olores y sabores del mundo…

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