Pocos temas recurrentes tenemos las mujeres que superen a las anécdotas de peluquería. Ante todo, Hernán, en al revistero no encontré la revista Sal…tenían Paparazzi, Pronto y una de Jardinería. Continúo. Sábado, me perdí gran parte de la mañana durmiendo…estaba agotada. El baño seguía con su persistente gotera. Sin saber el motivo, sólo cae agua Viernes a la noche y Sábado a la mañana. Intuimos que es un caño que se usa sólo una vez a la semana. Aurelio, el encargado del edificio, dijo que debe ser el de la bañera…sugiriendo que la señora se baña sólo una vez a la semana. Pobre, aparte de tener problemas con el alcohol será que también le teme a las duchas?

Otro tema. Se me terminó la crema para peinar…aparte de ir corriendo a comprar, “algo” tenía que hacer con los rulos. Hablé con mi Tutu…opinaba que era mejor ir a ver a Tony que atiende rápido que ir al peluquero de la otra cuadra, que no sabemos como corta, pero siempre hay gente y hay que esperar. Pasé por la peluquería del antes mencionado. Hora de almuerzo. ¿Señal del destino que no vi? Interrumpió la ingesta y me hizo pasar. Como siempre en su salón, no tuve que esperar.

Empezó preguntándome por mi sobrina, recordando lo preciosa que era. Y bueno, con semejantes piropos hacia la pendex, me olvidé del control que hay que ejercerle casi constantemente. Y siguieron los cumplidos…pero esta vez hacia mi cabello. Dice que le parecía notable la recuperación que había tenido después de la vez en la que el sol me quemó el cuero cabelludo. Dijo que ve un crecimiento parejo, que el pelo está sano, con buen tono. En fin, $30 el frasco de shampú Natura y los masajes capitales están dando resultado. Tiró el pelo para adelante para empezar por el flequillo. Para cuidarme la vista me sugirió que cerrara los ojos. Un sentido menos…y el más importante en estos casos. Nuevamente quedé a su merced. Batiendo su propio record…en un par de minutos me dijo “abrí los ojos…ya está”. Y si, ya está. Es un hecho consumado. Me cortó el pelo…muuucho. Me lo dejó casi como aquella vez que estuve a punto de inicarle juicio y mandarlo matar el mismo tiempo.

No dije nada, una persona que tropieza 2 (dos) veces con la misma piedra pierde derecho a la queja.

Pagué los $20 y me fui a hacer las compras. Muchas veces he escuchado y/o emitido la siguiente pregunta retórica: ¿por qué cuando salimos de la peluquería el pelo se ve de una manera y en casa nunca más logramos que se vea así? En este momento, estoy esperando que eso se haga realidad y que mañana, cuando me asome por el espejo, otra cosa sea la que vea. Aunque, como dijo el general: la única verdad es la realidad…

María, borrando de la lista de compras “crema para peinar”…ya no es necesaria…

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