Siiiii!!!!!!!! Bodas de Sangre!!!!!

El día había arrancado con una lluvia poco habitual…alerta meteorológica anunciaba la radio. No me importó nada…el día empezaba como quería, pero iba a terminar a mi placer. Y así fue. A eso de las 19.30 partí para el teatro.

La lluvia continuaba y yo, que no acostumbro usar paraguas, caminaba contra la pared, al amparo de los techitos y balcones para guarecerme del agua. En eso no va que un colectivo dobla, con toda intención (para mi), pisa un ENORME charco de agua que se había formado en la esquina y me hizo incurrir en un involuntario e inapropiado baño. Se me mojó hasta el morral!!!! (Cuando digo “morral” hablo literalmente, no quiero dar cuenta que me mojé otras zonas…o sea…se me mojó el morral y todo su contenido). Por suerte el libro absorvió gran parte del líquido elemento, protegiendo de esa manera los Tickets Restaurante con los que tengo que almorzar todo el mes. Improperios de todo tipo fueron los que se me ocurrieron y no dije…pero fueron dichos por otros circunstanciales compañeros de aventura. Éramos unos cuantos en esa esquina los que terminamos en el mismo estado.

Lo único que tenía para secarme era un par de pañuelos descartables…que, siendo sincera, no sirvieron de mucho. Ya no me importaba esquivar las gotas que caían…peor de lo que estaba no iba a quedar. Caminé como si estuviera en Lima (en Lima no llueve). Llegué al local de Aroma, consumí algo para que me dejaran usar el sanitario. Recordaba que tenían esos aparatos que arrojan aire caliente. Me senté debajo de él y dejé que hiciera su trabajo. Recuerdan la moda “afro” de los años 70’s? Así quedó mi pelo. Los zapatitos casi recién estrenados de Tilt parecían las alpargatas de Inodoro Pereyra. El agua sucia se secó y se transformó en barro…un barro que cubría la parte baja de mis pantalones y el sweater. Pero no importaba…estaba seca. Salí del lugar esperando no encontrarme con ningún conocido. Ya en la vereda, me sentí jugando a ese juego al “memo pié” de <em>El último pasajero</em>: me fijaba donde iba pisando la persona que iba delante mío, si al pisar salpicaba, elegía la de al lado y así hasta casi llegando al teatro, momento en que una gran baldosa con toda la pinta de estar firme y seca me engañó. La pisé, se hundió y me mojó, otra vez, hasta el morral. (y esta vez morral no es literal). Me empapé…pero desde abajo hacia arriba. Quise volver al bar a usar el baño y el chorro de aire caliente para secarme, pero esta vez la posición no iba a ser tan cómoda…no podía simplemente sentarme debajo. Seguramente iba a tener que hacer algún movimiento que, de ser pillada en el acto, no iba a poder justificar con la verdad ni con una excusa que rondara lo lógico. Y me quedé así nomás, entré al teatro, me senté en mi butaca y me dediqué a disfrutar del espectáculo. Sólo García Lorca me hizo olvidar por una hora que tenía barro hasta en la ropa interior. Y esa publicidad que dice que el Days Ultra es más absorvente, es mentira…doy fe.

Habiendo dejado caer algunas lágrimas cuando empezó aquel final…”Cuando yo llegué a ver a mi hijo, estaba tumbado en mitad de la calle. Me mojé las manos de sangre y me las lamí con la lengua. Porque era mía. Tú no sabes lo que es eso. En una custodia de cristal y de topacios pondría yo la tierra empapada por ella”. No crean que me la se de memoria…pero casi…ay, ay, ay…como pudo haber escrito tan bien.

Salí conmocionada y fría. Un poco por la obra, otro poco por el agua que aún contenía mi ropa. Me quedé pensando en la obra y, para demostrar que el dicho “una de cal y una de arena” tiene cierto sentido, después de haber disfrutado de “un cacho de cultura”, les pido que presten atención a la letra del tema que está a continuación. No por bueno, sino para demostrar que ya desde otras décadas se le escribe a cualquier cosa…la inspiración surge de cualquier lugar…en fin…

María, viendo la biblia y el calefón…

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