De los muchos talentos con los que cuentos, uno de los que más uso es mi capacidad de sacar conclusiones. Lo aplico a diario en mi vida privada y en el trabajo. Normalmente con buenos resultados.

Anoche fue la excepción: miré un ratito TN, vi el horror de la guerra por unos minutos y casi de inmediato me quedé dormida. No sé calcular el tiempo, pero pasó lo suficiente como para que yo entrara en el sueño profundo. De pronto escuché un estrepitoso “BUM” seguido de ruido a vidrios y de fondo algo que parecía una marcha militar. Con esos elementos la conclusión llegó rápido: el conflicto bélico está llegando al barrio. Atrás de eso, gritos humanos…hombre…mujer…vidrios. Olor a humo. (Esto último no es nuevo, entre los espirales y los sahumerios para sacar el olor…mi casa parece un fumadero). Sin poder abrir los ojos atiné a hacer lo correcto: ver si me tapaban vidrios o escombros. Sólo me cubrían la sábana, la manta polar, el acolchado y la frazada de vicuña. Me desorienté. Manejé la posibilidad de haberme equivocado al encontrar la conclusión más sencilla…quizás no era eso lo que estaba pasando. Más ruidos a vidrios rotos. Pero esta vez tuve todo más claro. Los vidrios no eran cristales destrozados por alguna explosión, provenían del departamento 6…del tercer piso…justo arriba del mío.

Prendí la luz y procedí a vertirme como si fuese a salir a la calle…combiné color de medias con remera y sweater, pasé por el baño, me lavé los dientes, me mojé el pelo y me puse gel. Decir que me peiné sería mentir y no es mi estilo.

Tomé la linterna sin saber para qué y subí la escalera que separan el segundo del tercer piso.

Ya más cerca me di cuenta que no era una marcha militar sino el Himno Nacional el que se oía de fondo. Emocionante el “con gloooooria moriiiiir”. Esperé que la frase fuese dicha 3 veces para no interrumpir. Se dijeron 3 y 4 y como 6 veces. Esto ya no era serio. Le di un par de golpecitos a la puerta anunciando mi llegada. Una voz en off que no se sabía de qué tumba salía me preguntó quien era. Dije “una vecina”. Sin dar más explicaciones, ni solicitar documentos, certificado de expensas o referencias, empezaron a quitarle la llave a la puerta…y se abrió. Lo que vi en ese momento, supera holgadamente a la imágen de Nicky Jones saliendo de transformaciones: pelo rubio, largo pasando los hombros, labios modelo “Pradón + Amira Yoma”, pintados de rojo casi intenso, camisón blanco…descalza…mirada perdida, vaso de vino en una mano. Muchachos, no se ilusionen, es mi vecina, la doctora jubilada que sufre de “mala bebida”.

Sin necesidad de altoparlantes se hizo oir hasta en la puerta de entrada del edificio. Usó la frase, creo, más usada por cada borracho que alguna vez pasó por esta tierra: “qué pasa?”. De fondo, el señor Nestor, si fiel amigo, tambièn con un vaso de vino en una mano y una toalla en la otra. El tiene un problemita de joroba en la parte izquierda de la espalda, por lo que, sin querer, me miraba como de costado. Sólo con la mirada me interrogó. También quería saber qué pasaba.

No supe como seguir…recurrí a la herramienta con la que peor me va: la improvisación. Ojo, siempre con la linterna en la mano. Les expresé mi preocupación al escuchar el ruido a vidrios. Le dije que me alarmé pensando que alguien había roto una ventana para entrar a robar (¿?) y por eso subía a asegurarme que todo estuviera en orden.

Así como los ríos Paraná y Uruguay desembocan en el río de la Plata y luego en el mar…esta conversación simple desembocó en un mar de lágrimas. La señora me contó que, sin querer, se le cayó un balde y, sin querer, se llevó por delante las botellas que tenía en el balcón y de ahí el ruido que me asustó. Por otro lado, ya que estábamos, me contó que el yeso que le cubría el pecho era para proteger las costillas que se había fracturado la semana pasada cuando, sin querer, se llevó por delante la mesada. Y además lloró porque el taxista que la trajo le robó $40. Ahí acotó su acompañante…le dijo “pero si hace una semana que no salís, no te tomaste ningún taxi…y no tenés plata…yo traje la comida”. Semejante echada en cara no fue gratuita. Nuevamente el llanto. Apagué la linterna (si, si, la había tenido prendida hasta ese momento) e hice silencio para ver si así se terminaba la historia. Efectivamente dejó de llorar, se disculpó por el susto que me provocó, me agradeció la preocupación y me dijo que estaba todo bien.

No recordando ninguna fórmula de despedida aceptada en esta circunstancia, les dije “bueno, los dejo, sigan cantando”. La respuesta fue: “lo que pasa es que no tengo tele y en la radio pasaron el himno y nos pusimos a cantar, acá, con mi amigo”. Todo bien, pero el himno lo pasan a la hora 00.00. Nunca entendí como seguían con el coro siendo como las 2.15. Calculo que retomaron después de un rato. Está bien que la versión completa es larga, pero no es para tanto.

Volví a la cama sin saber qué sentimiento me invadía además de la vergüenza por la linterna. Sólo me saqué los pantalones y las botas…me metí a la cama a medio vestir. Habrán pasado unos 10 minutos. Se siente que alguien esquiva unas botellas en el balcón, se chocan como en un brindis, y se escucha la voz inconfundible de la doctora diciendo: mi vida ya no vale nada…me robaron $40!!!!! Con miedo a que me culpara a mi del hecho delictivo, prendí el aire acondiciando para que hiciera ruido, me tapé y esperé poder dormirme pronto, o, mejor aún, despertarme a las 7.30 sabiendo que había tenido un sueño muy raro.

No fue un sueño, fue real, la linterna apareció sobre la almohada.

Esta tarde, cuando volvía de trabajar, esperando el ascensor la vi entrar. Un trajecito Channel color rosa a cuadros con negro, zapatos negros, mismo color de rouge, sin el vaso de vino. Caminaba lento por el yeso, me dió tiempo de correr por las escaleras y disimular que la había visto.

Espero olvidarme de anoche, que ellos también la olviden y que nadie más me haya visto. Fue tristísimo.

Por favor, si alguien, alguna vez, ve que me inclino por la bebida o se me da por entonar estrofas de algún himno a destiempo, díganmelo, soy de aceptar verdades. Y no me dejen salir de casa con la linterna!!!!!!!!!!!

María, lista para cualquier apagón

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