De ayer no pasaba. Directo al supermercado. Eran los mosquitos o yo. Y venían ganando ellos. No me podía decidir entre insecticida Raid e YPF.
Raid…lo fabrican los mismos Johnson y Johnson que el Raid 45 noches que fracasó.
YPF…mejor que sigan vendiendo nafta. Opté por el primero.
Me los imagino a los parientes estos Johnson…muertos de risa cuando escribían la letra chiquita que está detrás del frasco. Dice “Para una efectiva acción, rocíe directamente al insecto”. Perdón…pero…hay que ponerles una trampera? Yo sólo oigo el zumbido y veo las picaduras. Qué tengo que hacer? Contrato un chango con lentes infrarojos que me descargue el líquido cuando se apoyan en mi frente? Noooo.
Ese era el plan A. Descartado de plano.
Plan B: rocía la habitación. Eso hice. No dejé lugar sin rociar: TV, cables, películas, sillón relax, cortina, aire acondicionado, todo.
Por las dudas, un espiral en una botella sobre un plato en cada extremo de la cama.
El cuarto lleno de humo complicaba la visibilidad de Montecristo…el olor complicaba todo tipo de actitud socializadora de mi parte. No importa. El fin justifica los medios.

Pero todo se acaba alguna vez…y eso pasó con los espirales y el humo y el efecto del Raid doble acción. A las 3 de la mañana recibí una bofetada, impartida por mi misma, dejando como muestra de mi éxito el cuerpo inerte de una de las bestias. No saben con quien se metieron.

Me siento inundada de éxito y de olor feo. No es la guerra…pero es una batalla…y no perdí…al menos empatamos. La picadura en el lóbulo de la oreja es disimulable.

No quiero entrar al cuarto…esta mañana dejé detrás mío muuuucho aerosol…espero encontrar los cadáveres cuando habra la puerta.

María, buscando infructuosamente un flitero…alguien tiene alguno?



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